¿Qué sacrificios ofreció Lehi a Dios en el desierto?

Enero 16, 2020
"Lehi y su familia ofrecen un holocausto" a través de Recursos del Evangelio
KnoWhy #545
"Lehi y su familia ofrecen un holocausto" a través de Recursos del Evangelio
"[D]ieron gracias al Señor su Dios; y le ofrecieron sacrificios y holocaustos"
1 Nefi 7:22

El Conocimiento

El profeta Nefi registró que en varias ocasiones Lehi y su familia ofrecieron sacrificios durante su viaje en el desierto (1 Nefi 2:7; 5:9; 7:22). En un estudio importante sobre la experiencia de Lehi en el desierto, el profesor S. Kent Brown proporcionó ideas del motivo por el cual Lehi ofreció más de un tipo de sacrificio.1

En el antiguo Israel, la ofrenda de paz (o la ofrenda de bienestar) pudo haber sido la forma más común de sacrificio. Estas eran ofrendas voluntarias, hechas después del cumplimiento de una promesa o para dar gracias por otras bendiciones. Cuando eran por gratitud podían incluir la liberación de la cautividad, el peligro, la enfermedad o la culminación de un viaje seguro por el desierto o el mar.2 La motivación común detrás de tales ofrendas era el "regocijo",3 y eran considerados "una expresión espontánea del amor de Dios".4

Una ofrenda tomada del rebaño o  manada podría ser un macho o una hembra. Después de que el animal fuera sacrificado y las partes apropiadas fueran ofrecidas a Dios sobre el altar, la carne sería compartida entre quien la ofreció y su familia en una comida agradable de comunión ante Dios (Levítico 3:1–17; 7:12-15).

Cuando Lehi llegó al Valle de Lemuel, acababa de ser liberado de aquellos que buscaron quitarle su vida y el Señor lo había protegido a él y su familia en su viaje por el desierto. Nefi escribió que Lehi "erigió un altar de piedras y presentó una ofrenda al Señor, y dio gracias al Señor nuestro Dios" (1 Nefi 2:7), por lo que esto fue probablemente un sacrificio de ofrenda de paz pero de acción de gracias. De la misma manera, él pudo haber realizado sacrificios similares cada vez que sus hijos regresaron seguros de sus peligrosos viajes de regreso a Jerusalén.

En las dos ocasiones posteriores, sin embargo, Lehi ofreció no solo un "sacrificio" sino también "holocaustos" (1 Nefi 5:9; 7:22). ¿Por qué habría sido necesario este sacrificio adicional?  Brown ha observado que, a diferencia del sacrificio de paz "el sacrificio de holocausto era realizado para hacer la expiación—y más específicamente, para purgar—después de que alguien haya cometido un pecado" (Levítico 1:4).5 En contraste con la ofrenda de paz, que podía ser un animal macho o una hembra, el holocausto siempre era un macho; no se comía, sino que se quemaba por completo sobre el altar ante Dios. Cuando se cometía un pecado, era necesario que las personas se arrepintieran para ofrecer primero una ofrenda de holocausto en sacrificio buscando la expiación de Dios antes de que ofrecieran un sacrificio de paz para participar de la comida en comunión. Como lo explicó un erudito bíblico:

Solo después de que el jefe de familia hiciera la expiación por sus propios pecados y por los de su familia, haciendo que él y su familia fueran aceptables para Dios, estaban en condiciones de disfrutar de una comida festiva ante Dios...

Toda la ofrenda [es decir, el holocausto] con sus méritos expiatorios era fundamental para un sacrificio que enfatizaba la comunión. La ofrenda hacía al oferente aceptable para Dios. Después él era libre de tener comunión con su familia o clan ante Dios en una comida festiva que incluía porciones de la ofrenda de acción de gracias.6

Brown observó que este orden de cosas es consistente con lo que Nefi registró sobre la situación y las acciones de su familia. Cuando Lehi y su familia llegaron por primera vez al valle de Lemuel, habían sido obedientes a los mandamientos del Señor y dieron gracias al hacer una ofrenda de paz. Sin embargo, cuando los hijos de Lehi regresaron a su campamento con las planchas de bronce, el pecado era un problema. Lamán y Lemuel habían murmurado (1 Nefi 3:5; 4:4), se habían enojado, pronunciaron muchas palabras duras, habían golpeado a sus hermanos menores, fueron reprendidos por un ángel que tuvo que intervenir y todavía habían dudado que era posible que el Señor les entregara a Labán en sus manos (1 Nefi 3:28–31). Antes de su regreso seguro, su madre Saríah también se había quejado contra Lehi (1 Nefi 5:1–2). Esto habría requerido arrepentimiento y la necesidad de buscar la expiación de Dios.

Cuando los hijos de Lehi regresaron al campamento por segunda vez con la familia de Ismael, el pecado también fue un problema debido a la rebelión de Lamán y Lemuel y los hijos de Ismael. Querían regresar a Jerusalén (1 Nefi 7:7). También se enojaron, ataron a su hermano e intentaron abandonarlo para que los animales salvajes lo mataran (1 Nefi 7:16). Aunque posteriormente se arrepintieron y buscaron el perdón de Nefi y del Señor, el tema del pecado era claramente un problema que debía resolverse dentro de toda la familia. Los holocaustos eran un paso necesario antes de que la reconciliación con Dios pudiera suceder. Esta sutil diferencia entre cada una de las referencias a los sacrificios de Lehi puede ser pasada por alto por la mayoría de los lectores pero es consistente con las prácticas israelitas de la época.

Lehi estaba llevando al altar sacrificios que expiarían los pecados, pecados que mancharían el campamento y a las personas que estuvieran en él. Y en cada caso, uno puede detectar fácilmente el pecado en el comportamiento previo de los miembros de la familia, ya sea en forma de queja, enfrentamientos familiares o el quitar la vida de una persona. Aquí, Lehi buscó liberar a su familia extendida de la mancha de la indignidad para que él y ellos pudieran llevar a cabo los propósitos del Señor.7

El por qué

La práctica del sacrificio de animales antes de la muerte de Cristo señalaba las obras y las bendiciones ofrecidas por nuestro Salvador y Redentor. Demostró que solo a través de Jesucristo podríamos alcanzar una paz duradera y la reconciliación con Dios y con los demás. También era un recordatorio para todos de que el costo de la redención del pecado era alto. El Dios de Israel bajó entre los hombres y sufrió y murió para proporcionarnos una manera de regresar a la presencia de Dios y encontrar la felicidad allí. Le costó la vida para darnos la vida eterna.

Después de su muerte, Jesús abolió la práctica de ofrecer sacrificios a través del derramamiento de sangre, y luego mandó: "Y me ofreceréis como sacrificio un corazón quebrantado y un espíritu contrito" (3 Nefi 9:19–20). Prometió que así podemos ser santificados por el don y el poder del Espíritu Santo y tener comunión eterna con Dios y salvación en su reino (3 Nefi 27:19–20).

En su Sermón en el Templo, Jesús enseñó a los nefitas que, antes de venir ante él en adoración, debemos arrepentirnos de nuestros pecados y buscar la reconciliación con Dios y con aquellos a quienes hemos ofendido.

Por tanto, si vienes a mí, o deseas venir a mí, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, ve luego a tu hermano, y reconcíliate primero con él, y luego ven a mí con íntegro propósito de corazón, y yo te recibiré (3 Nefi 12:23–24; véase también Mateo 5:23–24).

Las promesas del Evangelio de Jesucristo y las bendiciones del convenio nos inspiran a esperar alegres reuniones celestiales con amigos y seres queridos alejados o fallecidos. En comunión eterna, los santificados podrán "tener un lugar donde sentarse en el reino de Dios, con Abraham, con Isaac, y con Jacob, y también todos los santos profetas, cuyos vestidos están limpios y se hallan sin mancha, puros y blancos" (Alma 5:24).

 

Otras lecturas

Book of Mormon Central en Español, "¿Por qué dice el Libro de Mormón que debemos adorar a Dios con toda nuestra alma?" KnoWhy 467 (29 de noviembre de 2018).

Book of Mormon Central en Español, "¿Qué le permite a Lehi ofrecer sacrificios afuera de Jerusalén?" KnoWhy 9 (11 de enero de 2017).

Book of Mormon Central en Español, "¿Por qué Jesús le dijo al pueblo que sacrificó un corazón quebrantado y un espíritu contrito?"  KnoWhy 198 (5 de septiembre de 2017).

S. Kent Brown, From Jerusalem to Zarahemla: Literary and Historical Studies of the Book of Mormon (Provo: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1998), 1–8.

  • 1. S. Kent Brown, From Jerusalem to Zarahemla: Literary and Historical Studies of the Book of Mormon (Provo: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1998), 1-8.
  • 2. Jacob Milgrom, Leviticus 1-16 (New York: Doubleday, 1991), 218-220, 413.
  • 3. Milgrom, 218.
  • 4. John E. Hartley, Leviticus (Dallas: Word Books, 1992), 41.
  • 5. Brown, 3.
  • 6. Hartley, 39, 42.
  • 7. Brown, 6.