¿Son las palabras del Libro de Mormón las que "hablarán desde la tierra"?

Enero 22, 2019
"Moroni Burying the Plates" (Moroni enterrando las planchas) por Tom Lovell
KnoWhy #491
"Moroni Burying the Plates" (Moroni enterrando las planchas) por Tom Lovell
"[P]orque aquellos que serán destruidos les hablarán desde la tierra, y sus palabras susurrarán desde el polvo, y su voz será como uno que evoca a los espíritus"
2 Nefi 26:16

El conocimiento

En sus profecías acerca de los últimos días, Nefi declaró que "aquellos que serán destruidos les hablarán desde la tierra... y sus palabras susurrarán desde el polvo, y su voz será como uno que evoca a los espíritus" (2 Nefi 26:16). Este pasaje es una referencia a los pueblos en el Libro de Mormón que fueron destruidos mucho tiempo antes. Sin embargo, los lectores podrían preguntarse, qué significa "evoca a los espíritus" y cómo está relacionado con los nefitas fallecidos.

Primero que nada, se debe reconocer que el uso de Nefi de este término es una alusión a Isaías 29:4.1 Los pasajes relevantes y las palabras y frases compartidas se resaltan en la siguiente tabla:2

2 NEFI 26:15–16

ISAÍAS 29:3–4

15 Después que mi posteridad y la posteridad de mis hermanos hayan degenerado en la incredulidad, y hayan sido heridos por los gentiles; sí, después que el Señor Dios haya acampado en contra de ellos por todos lados, y los haya sitiado con baluarte y levantado fuertes contra ellos; y después que hayan sido abatidos hasta el polvo, aun hasta dejar de existir, con todo esto, las palabras de los justos serán escritas, y las oraciones de los fieles serán oídas, y todos los que hayan degenerado en la incredulidad no serán olvidados;

 

16 porque aquellos que serán destruidos les hablarán desde la tierra, y sus palabras susurrarán desde el polvo, y su voz será como uno que evoca a los espíritus; porque el Señor Dios le dará poder para que susurre concerniente a ellos, como si fuera desde la tierra; y su habla susurrará desde el polvo.

3 Porque acamparé contra ti a tu alrededor, y te combatiré con torres y levantaré contra ti muros de asedio.

 

4 Entonces serás humillada; hablarás desde la tierra, y tu habla saldrá del polvo; y será tu voz desde la tierra como la de uno que evoca a los espíritus, y tu habla susurrará desde el polvo.

Antes de querer comprender lo que Nefi quiso decir con "evoca[r] a los espíritus", los lectores primero necesitan comprender lo que Isaías tenía en mente. A lo largo del Antiguo Testamento, "evocar espíritus" es mencionado casi exclusivamente de manera negativa. Un espíritu evocado se entendía comúnmente como el fantasma (o espíritu) de alguien que había fallecido. Y aquellos que consultaban con tales espíritus, usualmente para adivinar el futuro, eran llamados nigromantes.3 Varios pasajes bíblicos, como Levítico 19:31, expresamente prohibieron a los israelitas buscar tales medios espirituales: "No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos".4

Sin embargo, el uso de Isaías de la frase "evoca a los espíritus" en Isaías 29, es bastante inusual.5 Isaías profetizó que después de ser asediado y posiblemente destruido, Ariel (Jerusalén)6 "[hablará] desde la tierra, y tu habla saldrá del polvo; y será tu voz desde la tierra como la de uno que evoca a los espíritus" (Isaías 29:4). El uso de Isaías de la frase "evoca a los espíritus" claramente invoca el concepto de nigromancia o el comunicarse con los muertos.7 Su propósito era advertir a las personas de su inminente destrucción. Si ellos deseaban comunicarse con los vivos, tenían que hacerlo como los espíritus porque sus cuerpos físicos pronto serían destruidos.8 Sin embargo, la adecuación y propósito de esta comunicación, así como también lo literal o la forma figurativa que pueda ser, no están tan claros en el texto.

Lo que está claro es que Nefi se sintió en la libertad de "comparar" esta metáfora a su propio pueblo, tal como Isaías lo hizo con el pueblo de Jerusalén.9 Muy parecido a lo que se pensaba que eran espíritus de difuntos que se les permitía comunicarse con los vivos, los profetas del Libro de Mormón sabían que sus palabras hablarían a las futuras generaciones "desde el polvo" mucho después de que habían fallecido (2 Nefi 26:16).10 José Smith se puede ver como un mensajero que fue divinamente preparado por medio de estas palabras que habían sido transmitidas a las futuras generaciones (véase 2 Nefi 27:19–22).11 Y así como la evocación de los espíritus se buscaba para predecir el futuro, el Libro de Mormón contiene muchas profecías acerca de los últimos días, incluyendo advertencias de las calamidades inminentes si las personas no se arrepienten.12

El porqué

Obviamente, la profecía de Isaías no aprueba la nigromancia (Isaías 8:20; 19:3-4). En cambio, él siempre dice que la habilidad de una Jerusalén caída para comunicarse con las futuras generaciones sería similar a la voz del espíritu de una persona muerta. En otras palabras, Isaías estaba utilizando la nigromancia como una metáfora con el propósito de hacer una comparación.13 Por lo tanto, es natural y apropiado que los profetas del Libro de Mormón sintieran que podían seguir el ejemplo profético de Isaías.

Sin embargo, como todas las metáforas, hay un punto donde las similitudes del Libro de Mormón con la nigromancia terminan y comienzan diferencias importantes. La antigua nigromancia o adivinación buscaba traer información a la luz mediante el uso de medios no autorizados e ilegítimos. En particular, se pensaba que los médiums antiguos convocaban espíritus del inframundo que cantaban y gemían a los vivos.14 En un claro contraste, el Libro de Mormón fue literalmente sacado de la tierra en el estado de Nueva York por un ser exaltado para compartir sus poderosas verdades y el testimonio de Jesucristo con el mundo de nuestros días.15

"Joseph Smith Receives the Gold Plates" (José Smith recibe las planchas de oro) por Kenneth Riley

Al traer el Libro de Mormón, Dios permitió que los muertos se comunicaran con la ley y el testimonio del Señor con los vivos (véase Isaías 8:19). Esto sucedió al mandar a Su ángel Moroni para hablar claramente a José Smith y también por medio de la traducción milagrosa del mismo Libro de Mormón.16 A diferencia de los murmullos de los adivinos de los tiempos antiguos, Dios hizo esto por medio de Su propio "don y... poder" (1 Nefi 13:35; cf. 2 Nefi 27:12–26), como Señor tanto de vivos como de muertos (Romanos 14:9).17

En cierto modo, el Libro de Mormón muestra que la habilidad de Dios para permitir que los muertos hablen a los vivos es superior a la práctica prohibida de la nigromancia condenada en el Antiguo Testamento. Tomar un tema negativo y transformarlo en un mensaje espiritual positivo no es algo inusual en la Biblia.18 Los profetas del Antiguo Testamento, por ejemplo, algunas veces compararon al Dios de Israel con los dioses falsos de las naciones circundantes y muestran como Él los superó en cada aspecto.19Cuando se ve desde este punto de vista, la producción del Libro de Mormón se puede ver como un milagro divinamente orquestado que cambia por completo el concepto tradicional de la nigromancia.20

Por lo tanto, en lugar de ser traído por medio de actos de adivinación prohibidas, el Libro de Mormón ha sido traído al mundo de los vivos por el poder de Cristo.21 Sus palabras simbólicamente conectan a los vivos con los profetas que han muerto hace mucho tiempo.22 Algunos de estos profetas, como Nefi y Moroni, inclusive vieron nuestros días. Ellos sabían que tendríamos sus registros y en algunos casos, ellos escribieron como si nos estuvieran hablando directamente a nosotros desde el pasado.23 A medida que abramos nuestros corazones a su mensaje, será como si nos estuvieran hablando a nosotros desde el polvo, como una voz verdadera y viviente del pasado.

Otras lecturas

Amanda Colleen Brown, "Out of the Dust: An Examination of Necromancy as a Literary Construct in the Book of Mormon", Studia Antiqua 14, no. 2 (2016): 27–37.

Grant Hardy, "2 Nephi 26 and 27 as Midrash", Insights 24, no. 5 (2004): 2–3.

Robert A. Cloward, "Isaiah 29 and the Book of Mormon", en Isaiah in the Book of Mormon, ed. Donald W. Parry y John W. Welch (Provo, UT: FARMS, 1998), 191–247.