¿Por qué algunas personas en los tiempos de Lehi creían que Jerusalén no podría ser destruida?

Octubre 31, 2018
“The Flight of the Prisoners”, (La huida de los prisioneros) por James Jacques Joseph Tissot
KnoWhy #451
“The Flight of the Prisoners”, (La huida de los prisioneros) por James Jacques Joseph Tissot
"Ni creían tampoco que aquella gran ciudad de Jerusalén pudiera ser destruida conforme a las palabras de los profetas; y eran semejantes a los judíos que estaban en Jerusalén, los cuales procuraban quitarle la vida a mi padre"
1 Nefi 2:13

El conocimiento

Después de que Senaquerib, el poderoso rey de Asiria, conquistó el reino del norte de Israel en el año 722 a. C. y expulsó a mucha de su población, él invadió el reino del sur de Judá en el año 701. Aunque destruyó varias ciudades bien fortificadas y se llevó a miles de personas, no tuvo éxito en conquistar Jerusalén.

En ese tiempo, un rey justo llamado Ezequías reinaba sobre Jerusalén y Jehová prometió “[amparar] esta ciudad, para salvarla, por causa de mí y por causa de David, mi siervo”. Jehová mantuvo su promesa al rey Ezequías, porque “esa misma noche salió el ángel de Jehová y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil” (2 Reyes 19:34-35).

Jerusalén de manera milagrosa sobrevivió a esta invasión que intentó Asiria, que era el imperio más grande del mundo en ese momento. Por esta razón, cuando los ejércitos babilónicos sitiaron a Jerusalén unos cien años después, había muchos en la ciudad que creían firmemente que no podía ser conquistada. Lamán y Lemuel, los hijos del profeta Lehi, tenían la misma creencia cuando su propio padre fue llamado a ser profeta de Dios. Aunque muchos profetas, incluyendo su padre, estaban profetizando lo contrario, ellos no “creían… que aquella gran ciudad de Jerusalén pudiera ser destruida conforme a las palabras de los profetas” (1 Nefi 2:13).

Senaquerib durante su guerra en Babilonia, relieve de su palacio en Nínive. Imagen a través de Wikimedia Commons

Los profesores de educación religiosa en BYU, David Rolph Seely y Fred E. Woods, identificaron seis factores que pudieron haber contribuido a esta profunda creencia, pero finalmente una creencia errónea, de que Jerusalén no podría ser destruida. Ellos señalan que:

1). Las tradiciones espirituales con respecto a Jerusalén sugirieron a muchos que, por causa de que la ciudad era el lugar sagrado de Jehová sobre la tierra, el sitio de Su casa, el Templo de Jerusalén, naturalmente la protegería de la profanación y la destrucción. De acuerdo con la tradición, el templo construido por Salomón había sido edificado en el lugar donde Abraham casi sacrificaba a Isaac. El templo se había mantenido por 300 años y era visto como un símbolo poderoso de la presencia de Jehová, su Salvador, en la ciudad.

2). Aparentemente muchos habían malentendido la naturaleza del convenio de Jehová con David, especialmente con lo que significaba la protección de la ciudad que fundó David, Jerusalén. Jehová había prometido a David: “Y serán afirmados tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será establecido eternamente” (2 Samuel 7:16; véase Salmo 89:3-4). Esta parte del convenio davídico fue incondicional y finalmente se cumplió con la venida de Jesús de Nazaret como el Mesías del linaje de David (Mateo 1:1-17).

Sin embargo, algunos pasajes de las escrituras relacionan el convenio davídico con Jerusalén (véase Salmo 132:13, 17-18) y profetas como Isaías declararon que Jehová protegería su santa ciudad (Isaías 31:4-5). Pero Jehová enseñó claramente por medio de sus profetas, que estas promesas de protección eran condicionales, dependiendo de la obediencia del pueblo a los mandamientos de Dios (1 Reyes 6:12-139:6-7).

3). La liberación milagrosa de Jerusalén de los asirios en los días del rey Ezequías (2 Reyes 18-19), mencionada anteriormente, fortalece la creencia de que Jehová preservaría a Jerusalén y a su templo de todos sus enemigos.

4). Ezequías había hecho todo lo posible para fortalecer a Jerusalén y prepararla para el bloqueo asirio. Él hizo que muros y torres enormes fueran construidos (2 Crónicas 32:2-8) y creó una fuente de agua dentro de la ciudad para ayudarles a resistir ataques que durasen mucho tiempo (2 Reyes 20:20; 2 Crónicas 32:4, 30). Estas robustas fortificaciones de seguro contribuyeron a un sentimiento de impenetrabilidad.

5). No mucho antes de que Lehi saliera de Jerusalén, el rey de Judá, Josías, había realizado una gran reforma religiosa que centralizaba la adoración alrededor del templo de Jerusalén. Él intentó erradicar la adoración a ídolos y dioses extraños y guio al pueblo a renovar sus convenios con Jehová (2 Reyes 22-23). Estas reformas pudieron haber llevado al pueblo a una percepción exagerada de su propia rectitud y favor antes los ojos de Dios.

6). Aunque había muchos profetas, como Jeremías y Lehi, quienes estaban profetizando sobre la destrucción de Jerusalén, también había falsos profetas, como Hananías (Jeremías 28:15) quien dio un mensaje contrario, de que Jehová los preservaría de sus enemigos. Ellos les estaban diciendo a las personas y a sus líderes lo que querían escuchar y no lo que Jehová quería que conocieran, por lo que muchos oyeron sus palabras en lugar de las palabras de los profetas verdaderos.1

El porqué

Lehi Preaching in Jerusalem (Lehi predicando en Jerusalén) por Arnold Friberg. Imagen a través de lds.org

Aunque muchos elementos probablemente contribuyeron a un sentido indebido de seguridad y aprobación divina que celebraban en Jerusalén, el factor más básico era que estaban indispuestos a escuchar a los profetas verdaderos y vivientes de Dios.

Claramente el hecho de que los falsos profetas estaban predicando palabras placenteras al pueblo hizo complicado seguir la verdadera palabra de Jehová. Tal como el profesor de BYU Aaron Schade señaló: “Para hacer las cosas más difíciles para el pueblo, en el momento en que los ‘verdaderos profetas’ de Jehová estaban recibiendo la dirección divina para advertir al pueblo de Judá a que se arrepintieran, así como también a que se entregaran pacíficamente a los babilónicos, otros estaban predicando que Judá era seguro e inexpugnable”.2

Lamán y Lemuel, como aquellos que vivían en Jerusalén, batallaron en discernir la verdadera palabra de Jehová, aun cuando su propio padre era un profeta verdadero. Sus corazones endurecidos y arrogancia los cegaron a los verdaderos peligros que habrían enfrentado al no haber seguido a su padre al desierto. Por lo tanto, Nefi mencionó sobre las reacciones de los judíos a la prédica de su padre, una actitud que finalmente los llevó a la destrucción, junto con su amada ciudad:

“Y aconteció que los judíos se burlaron de él por las cosas que testificó de ellos, porque verdaderamente les testificó de sus maldades y abominaciones… Y cuando los judíos oyeron esto, se irritaron contra él” (1 Nefi 1:19-20).

Otras lecturas

David Rolph Seely y Fred E. Woods, “How Could Jerusalem, ‘That Great City,’ Be Destroyed”, en Glimpses of Lehi’s Jerusalem, ed. John W. Welch, David Rolph Seely y Jo Ann H. Seely (Provo, UT: FARMS, 2004), 595–610.

Aaron P. Schade, “The Kingdom of Judah: Politics, Prophets, and Scribes”, en Glimpses of Lehi’s Jerusalem, ed. John W. Welch, David Rolph Seely y Jo Ann H. Seely (Provo, UT: FARMS, 2004), 299–336.

Book of Mormon Central en Español, “¿Cómo pueden los convenios del Antiguo Testamento ayudarnos a entender el Libro de Mormón? (1 Nefi 2:12–13)”, KnoWhy 363, (17 de mayo de 2018).

Taylor Halverson, “Covenant Patterns in the Old Testament and the Book of Mormon”, presentación dada en la conferencia de Book of Mormon Central 2017, en línea en bookofmormoncentral.org.