¿Por qué Nefi aclaró que el Mesías era el salvador del mundo?

Octubre 25, 2018
Imagen de Cristo a través de LDS Media Library
KnoWhy #448
Imagen de Cristo a través de LDS Media Library
“Sí, seiscientos años después de la partida de mi padre de Jerusalén, el Señor Dios levantaría a un profeta entre los judíos: sí, un Mesías, o, en otras palabras, un Salvador del mundo”.
1 Nefi 10:4

El conocimiento

En su primera revelación registrada, el profeta Lehi aprendió de la “venida de un Mesías” que traería “la redención del mundo” (1 Nefi 1:19).1 Revelaciones adicionales a Lehi y a su hijo Nefi dieron más conocimiento de este Mesías y de su misión mortal (1 Nefi 8; 11-12). Al resumir las enseñanzas de su padre, Nefi aseguró que “el Señor Dios levantaría a un profeta entre los judíos: sí, un Mesías, o, en otras palabras, un Salvador del mundo” (1 Nefi 10:4, énfasis añadido).

La aclaración que hace Nefi de que el Mesías era “un Salvador del mundo” puede parecer extraña para los cristianos modernos que están bien familiarizados con la representación de Jesús, el Mesías, en el Nuevo Testamento como el salvador de la humanidad. El motivo detrás de la aclaración de Nefi ciertamente deriva del hecho de que el concepto en el antiguo Israel en el fondo de la palabra "mesías" era mucho más amplio de lo que es hoy. Para comenzar, la palabra "mesías" deriva del hebreo mashiach, que significa "ungido". La traducción en griego de mashiach como se utiliza en el Nuevo Testamento es kjri-stos, por lo que es el origen del nombre Jesucristo (Jesús el ungido). En el Antiguo Testamento, sin embargo, varias categorías de individuos fueron identificados como siendo un mesías, un “ungido”.

Por ejemplo, los reyes israelitas como Saúl, David y Salomón fueron ungidos en sus coronaciones, haciendo de ellos, técnicamente un mesías.2 Por lo menos un rey que no era israelita, el persa Ciro, de la misma manera fue llamado mesías (Isaías 45:1). Además de los reyes, los sacerdotes y profetas fueron designados como mesías (“ungidos”).3 Por lo tanto, es claro por la evidencia bíblica, que desde el tiempo de Lehi y Nefi el término “mesías” era utilizado mucho más ampliamente por los antiguos israelitas de lo que es usado por los lectores modernos de la Biblia, quienes de manera general hablan de o reconocen solo a Jesús como el Mesías.4

La forma de religión israelita que probablemente fue practicada por Lehi y Nefi alrededor de los años 600 a. C. aparentemente no utilizaba el concepto de “mesías” de la manera específica que fue entendida posteriormente en las teologías judías y cristianas, y en el Libro de Mormón. “Uno debe darse cuenta de que en el [Antiguo Testamento] el término ‘ungido’ nunca se usa para un futuro salvador o redentor”, señaló un erudito bíblico, “y que en los escritos posteriores judíos del periodo entre el año 200 a. C. y 100 d. C. el término se utiliza solo infrecuentemente en conexión con representantes de liberación divina que se esperaban en el futuro”.5 Esto puede explicar por qué los contemporáneos de Lehi estaban perplejos e incluso enojados con su predicación (1 Nefi 1:20). Habiendo recibido una revelación que “manifestaba claramente la venida de un Mesías” quien traería “la redención del mundo” (1 Nefi 1:19, énfasis añadido), Lehi de manera valiente introdujo una nueva manera expandida de pensar acerca del concepto de mesías. Este tipo de innovación probablemente hizo enojar a los rivales políticos y religiosos que se opusieron a él y a los otros profetas que proclamaron el arrepentimiento al pueblo de Israel en ese tiempo (1 Nefi 1:4, 20). Lehi vio “a Uno que descendía” (1 Nefi 1:9) no solo como un mesías general, sino como el “Mesías" (1 Nefi 10:7-11). En cambio, la ambigüedad lingüística en los días de Lehi también puede explicar por qué Nefi sintió la necesidad de aclarar que el mismo mesías prometido por su padre era el “Salvador del mundo”. Este sería el mesías universal que podría salvar a toda la humanidad, a diferencia de un profeta, sacerdote o rey que se preocupa por solo servir o redimir a la casa de Israel.

El porqué

El comprender que la Biblia no es completamente consistente en su uso de la palabra mesías, los lectores pueden apreciar mejor por qué era necesario que Nefi calificara más explícitamente el tipo de mesías que se había profetizado que Jesús sería. Esto, en cambio, ayuda a los lectores modernos a apreciar cómo el Libro de Mormón expone o aclara ampliamente las verdades del evangelio. Mientras que unos pocos textos clave del Antiguo Testamento indudablemente establecen las expectativas del Mesías que los israelitas mantenían con esperanzas (por ejemplo, Isaías 53),6 las visiones de Lehi y Nefi como se registran en el Libro de Mormón son las que dan el conocimiento profético más claro sobre la función mesiánica de Jesús.7

El Libro de Mormón testifica que Jesús es el Santo de Israel y que Él condescendió a socorrer a los hijos de los hombres y salvarlos de sus dolores, enfermedades y pecados (1 Nefi 11:16,26; Alma 7:12).8 Para muchas personas en los días de Lehi así como también en los días de Jesús, la idea de un tal mesías era un obstáculo en el que muchas personas flaqueaban. Este concepto fue la piedra fundamental que algunos edificadores rechazaron. Mientras que las antiguas audiencias podrían fácilmente aceptar el uso del término mesías para describir un líder o una persona santa entre ellos, parecía inapropiado, si no blasfemo, pensar que en un futuro una persona ungida llegaría a ser el mesías absoluto, incluso, como Lehi lo dijo al final de su vida, “el verdadero Mesías, su Redentor y su Dios” (2 Nefi 1:10). Dado el rango de respuestas a las preguntas intemporales (“¿Quién dicen los hombres que soy?”), este valiente testimonio y aclaración no es menos necesario el día de hoy que en los días de Lehi.

Los profetas del Libro de Mormón, particularmente Nefi, hablaron a menudo de Jesús como el Mesías, quien estaba “lleno de gracia y de verdad” por medio de quien la redención de todos los hijos de Dios podría venir.9 Por lo tanto, el Libro de Mormón funciona como un segundo testigo crucial al lado del Nuevo Testamento de que Jesús es de hecho el Mesías, el ungido de Dios con poder y autoridad para cumplir con la expiación infinita (Hechos 10:38; 2 Nefi 9:7).

Otras lecturas

Richard D. Draper, “The First Coming of the Lord to the Jews: A Book of Mormon Perspective”, en A Book of Mormon Treasury: Gospel Insights from General Authorities and Religious Educators (Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 2003), 343–356.

John A. Tvedtnes, “The Messiah, the Book of Mormon, and the Dead Sea Scrolls”, en The Most Correct Book: Insights from a Book of Mormon Scholar (Salt Lake City, UT: Cornerstone Publishing, 1999), 328–343.

James H. Charlesworth, “Messianism in the Pseudepigrapha and the Book of Mormon”, en Reflections on Mormonism: Judaeo-Christian Parallels, ed. Truman G. Madsen (Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1978), 99–137.