Lo que el éxodo nos enseña sobre la expiación

Septiembre 3, 2018
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KnoWhy #419
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"Y sé que me levantará en el postrer día para morar con él en gloria; sí, y lo alabaré para siempre; porque ha sacado a nuestros padres de Egipto... y por su poder guio a nuestros padres a la tierra prometida".
Alma 36:28

El conocimiento

Al principio del Libro de Mormón, Nefi a menudo comparaba el éxodo de su familia de Jerusalén con el éxodo israelita de Egipto. Él hizo esto para ayudar a sus hermanos a comprender que Dios les ayudaría tal como había ayudado a sus antepasados. Sin embargo, él no fue el único autor del Libro de Mormón en aludir al relato del éxodo. El Libro de Mormón también demuestra cómo la liberación de los israelitas de Egipto es un presagio de nuestra propia liberación del pecado y la muerte por medio de la expiación de Cristo.

Un ejemplo de este presagio se encuentra en Alma 36. S. Kent Brown, erudito del Libro de Mormón, ha señalado que el primer y último versículo del capítulo claramente enseñan que "al grado que guardes los mandamientos de Dios, prosperarás en la tierra".[1] El último versículo declara que si el pueblo no guarda los mandamientos serían "separados" de la presencia de Dios.[2] Brown ha señalado que las enseñanzas de Alma acerca de las bendiciones y maldiciones "encuentran una contraparte detallada en el libro de Deuteronomio, que relata las últimas instrucciones de Moisés a su pueblo al final de su recorrido, justo antes de que cruzaran el río Jordán en la tierra de Canaán".[3]

En Deuteronomio, "los israelitas estaban a punto de tomar posesión de la tierra prometida y las palabras de Moisés no solamente estaban llenas de promesas para aquellos que obedecieran a Jehová sino que también estaban acompañados con castigos que descenderían sobre aquellos que pudieran desobedecerlos".[4] De esta manera "incluso las palabras que inician y cierran Alma 36 están vinculadas con la larga experiencia del éxodo".[5] A medida que uno continúa en el capítulo, las conexiones del éxodo se vuelven más fuertes. Brown ha observado que "el segundo y tercer versículo, junto con tres versículos al final del capítulo (36:26-29), todos hablan del éxodo como prueba del maravilloso poder de Dios para entregar y apoyar a aquellos en esclavitud y aflicciones".[6]

El centro de este capítulo no es acerca de la liberación israelita de Egipto. En realidad describe "la notable historia de la dramática conversión de Alma al Señor, en la cual él había 'nacido de Dios'".[7] Sin embargo, Alma parece haber enfatizado las similitudes entre su propio viaje de su vida pecaminosa y el viaje de los hebreos fuera de Egipto. Tal como Brown lo señaló, Alma declara que "confiar en el Señor lleva al apoyo y liberación divina (36:3, 27)", así como los israelitas fueron liberados de Egipto y fueron sostenidos mientras estaban en el desierto cuando confiaron en Jehová.[8]

Además, "la vida anterior de Alma se caracterizó por la rebelión", tal como los antiguos israelitas a menudo se rebelaban contra Dios.[9] Al igual que Israel, Alma fue bendecido a pesar de su falta de dignidad, no por causa de esta.[10] Finalmente, "todo el capítulo consiste en la recitación que Alma da de su propia historia; se asemeja en un sentido general a las recitaciones memorizadas que aprendieron los israelitas sobre los actos maravillosos que Dios desarrolló en su nombre durante el éxodo".[11] Deuteronomio 6:20-25 manda a los antiguos israelitas a enseñar a sus hijos acerca de cómo Jehová liberó a los israelitas de Egipto.[12] Alma parece haber cumplido con este mandamiento mientras también aplicaba esta historia a su propia vida.[13]

El porqué

Alma miró la historia del éxodo y vio su propia vida. Tal como Brown lo señaló, él "aplicó su liberación de las ligaduras del pecado a la liberación de Israel del cautiverio".[14] Puede que no hayamos tenido exactamente las mismas experiencias que Alma hijo. Pero de alguna manera, todos estamos esclavizados al pecado, tal como los israelitas estaban esclavizados por los egipcios. Confiar en el poder expiatorio de Cristo es la única manera para nosotros de ser liberados de este cautiverio.

Incluso aunque no nos rebelemos contra Dios de la misma manera como lo hicieron los antiguos israelitas o Alma, todavía nos rebelamos en contra de Él de una manera pequeña cada vez que pecamos. Sin embargo, Dios aún está dispuesto a inclinarse y ayudarnos, tal como Él ayudó a los israelitas, incluso cuando no lo merecemos por completo (véase Mosíah 2:24). Así como lo señaló Alma, "sé que me levantará en el postrer día para morar con él en gloria; sí, y lo alabaré para siempre; porque ha sacado a nuestros padres de Egipto... y por su poder guio a nuestros padres a la tierra prometida" (Alma 36:28). Si Jehová levantó a los israelitas de la servidumbre en Egipto, entonces Él puede levantarnos también en los últimos días.

Puede que no recitemos la historia del éxodo a nuestros hijos cada día como lo hacían los antiguos israelitas.[15] Sin embargo, cada año en la Pascua y cada semana durante los sacramentos, recordamos la liberación de Dios en nuestras propias vidas. El poder de la expiación de Cristo puede liberarnos de la esclavitud que experimentamos en la vida. Jehová liberó a los israelitas, Él liberó a Alma y Él puede liberarnos a nosotros.

Otras lecturas

S. Kent Brown, "The Exodus Pattern in the Book of Mormon", en From Jerusalem to Zarahemla: Literary and Historical Studies of the Book of Mormon (Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1998), 75–98.

Gordon C. Thomasson y John W. Welch, "The Sons of the Passover", en Reexploring the Book of Mormon: A Decade of New Research, ed. John W. Welch (Salt Lake City y Provo UT: Deseret Book y FARMS, 1992), 196–198.

John W. Welch, "A Masterpiece: Alma 36", en Rediscovering the Book of Mormon: Insights You May Have Missed Before, ed. John L. Sorenson y Melvin J. Thorne (Salt Lake City y Provo, UT: Deseret Book y FARMS, 1991), 114–131.


[1] S. Kent Brown, "The Exodus Pattern in the Book of Mormon", en From Jerusalem to Zarahemla: Literary and Historical Studies of the Book of Mormon (Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1998), 82.

[2] Brown, "The Exodus Pattern", 82.

[3] Brown, "The Exodus Pattern", 83.

[4] Brown, "The Exodus Pattern", 83.

[5] Brown, "The Exodus Pattern", 83.

[6] Brown, "The Exodus Pattern", 83.

[7] Brown, "The Exodus Pattern", 83. Para conocer más sobre cómo el quiasmo elaborado en Alma 36 enseña fuertemente acerca del poder convertidor de Cristo, véase Book of Mormon Central, "¿Por qué se convirtió Alma? (Alma 36:21)", KnoWhy 144 (24 de junio de 2017). John W. Welch, "A Masterpiece: Alma 36", en Rediscovering the Book of Mormon: Insights You May Have Missed Before, ed. John L. Sorenson y Melvin J. Thorne (Salt Lake City y Provo, UT: Deseret Book y FARMS, 1991), 114–131.

[8] Brown, "The Exodus Pattern", 83.

[9] Brown, "The Exodus Pattern", 83.

[10] Brown, "The Exodus Pattern", 83.

[11] Brown, "The Exodus Pattern", 83.

[12] Brown, "The Exodus Pattern", 94.

[13] Véase Book of Mormon Central en Español, "¿Alma aconsejó a sus hijos durante la Pascua? (Alma 38:5)", KnoWhy 146 (27 de junio de 2017).

[14] Brown, "The Exodus Pattern", 84.

[15] Para conocer la antigua práctica israelita de contar la historia de la pascua y cómo esto se relaciona con Alma, véase Gordon C. Thomasson y John W. Welch, "The Sons of the Passover", en Reexploring the Book of Mormon: A Decade of New Research, (Provo UT: FARMS, 1992), 196–198.