¿Por qué Nefi vinculó las profecías de Isaías con José, el que fue vendido a Egipto?

Junio 7, 2018
Joseph of Egypt (José de Egipto), por Michael T. Malm a través de lds.org
KnoWhy #375
Joseph of Egypt (José de Egipto), por Michael T. Malm a través de lds.org
"Y el Señor volverá a extender su mano por segunda vez para restaurar a su pueblo de su estado perdido y caído. Por tanto, él procederá a efectuar una obra maravillosa y un prodigio entre los hijos de los hombres".
2 Nefi 25:17

El conocimiento

Cuando Lehi obtuvo las planchas de bronce, descubrió que "descendía de José, sí, aquel José que era hijo de Jacob, que fue vendido para Egipto y preservado por la mano del Señor para que salvara del hambre a su padre Jacob y a toda su casa" (1 Nefi 5:14). Nefi entonces, inmediatamente agregó que "también fueron [es decir, la futura posteridad de Jacob] librados del cautiverio y conducidos fuera del país de Egipto por el mismo Dios que los había preservado" (v. 15). Estos versículos marcan el principio de un patrón en el Libro de Mormón donde la liberación de la familia de José está vinculada con la futura liberación de la posteridad de Jacob.1

Matthew Bowen ha señalado que en dos notables ocasiones —2 Nefi 25:17 y 2 Nefi 29:1— Nefi combinó los temas de la restauración de Isaías 11:11 e Isaías 29:14 en una idea unificada.2

En tiempos rabínicos, la práctica de juntar dos pasajes de las Escrituras sobre la base de palabras compartidas y luego interpretarlas a la luz de las demás llegó a conocerse como Gezera Shawa.3 Lo que hace el Gezera Shawa de Nefi especialmente intrigante es el uso potencial de juego de palabras hebreas (como una combinación de palabras) sobre el nombre José (yôsēp).

De acuerdo con Bowen, el nombre José viene "del verbo hebreo yāsap, cuyo sentido más básico es 'agregar'. Yāsap también tiene el significado de 'continuar' o 'proceder a hacer' algo y 'hacer de nuevo'".4

Estos verbos no solamente suenan como el nombre José y tienen el mismo significado básico de José,5 sino que en 2 Nefi 25:21 ellos, y las restauraciones adicionales que describen, están directamente vinculadas al mismo José.

Isaías 11:11

Isaías 29:14

2 Nefi 29:1

2 Nefi 25:17, 21

11. Asimismo, acontecerá en aquel día que el Señor pondrá otra vez [yôsîp] su mano para recobrar el remanente de su pueblo

14. Por tanto, he aquí que nuevamente haré [yôsīp] una obra maravillosa entre este pueblo, una obra maravillosa y un prodigio

29. Mas he aquí que habrá muchos —el día en que yo proceda [yôsīp] a ejecutar una obra maravillosa entre [cf. Isaías 29:14] ellos... para que extienda mi mano por segunda vez [yôsīp], para restaurar a los de mi pueblo que son de la casa de Israel

17. Y el Señor volverá a extender su mano [yôsîp] por segunda vez para restaurar a su pueblo [cf. Isaías 11:11] de su estado perdido y caído. Por tanto, él procederá [yôsīp] a efectuar una obra maravillosa y un prodigio [cf. Isaías 29:14] entre los hijos de los hombres.

 

21. ... para que se cumpla la promesa hecha a José [yôsēp], que su linaje no perecería jamás, mientras durase la tierra.

En una ocasión diferente, en 1 Nefi 22, encontramos que Nefi agregó Isaías 52:10 en su red de referencias de Isaías. Para Bowen esta adición es "particularmente notable" porque Nefi "aparentemente suplió el verbo yāsap en Isaías 52:10, donde Isaías no utilizó previamente ese verbo".6

Isaías 11:11

Isaías 29:14

Isaías 52:10

1 Nefi 22

11. Asimismo, acontecerá en aquel día que el Señor pondrá otra vez [yôsîp] su mano para recobrar el remanente de su pueblo

14. por tanto, he aquí que nuevamente haré [yôsīp] una obra maravillosa entre este pueblo, una obra maravillosa y un prodigio

10. Jehová ha desnudado su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios nuestro.

8. Y después que nuestra posteridad haya sido dispersada, el Señor Dios procederá [yôsīp] a efectuar una obra maravillosa entre los gentiles [cf. Isaías 29:14] …

 

11. Por lo que el Señor Dios procederá [uso adicional de yôsīp] a desnudar su brazo a los ojos de todas las naciones [cf. Isaías 52:10] …

 

12. Por tanto, los sacará otra vez [yôsîp] de su cautividad [cf. Isaías 11:11]

El hecho de que Nefi repetidamente atara estas referencias de Isaías —mencionando en una ocasión el nombre de José (yôsēp) y en otra añadiendo la forma del verbo yāsap— sugiere que, en la mente de Nefi, José estaba vinculado a restauraciones futuras. Curiosamente, Nefi no fue el único profeta en el Libro de Mormón en hacer tal conexión. Mormón audazmente profetizó que el Señor "de seguro volverá [yôsîp] a traer a un resto de la posteridad de José [yôsēp] al conocimiento del Señor su Dios” (3 Nefi 5:23).7

El porqué

Entonces, ¿qué tiene que ver José, quien fue vendido para Egipto, con las profecías de Isaías? Tal vez la explicación más significativa se puede encontrar en una profecía del mismo José, como lo recita Lehi. José declaró que el "Señor mi Dios levantará a un vidente, el cual será un vidente escogido para los del fruto de mis lomos" (2 Nefi 3:6). Este vidente sería "grande como Moisés" (v. 9), pero en lugar de sacar físicamente a los israelitas de la esclavitud, les "lleva[rá] [la] palabra [de Dios]... a los de [la] descendencia [de José]" (v. 11).

José entonces profetizó que "su nombre será igual que el mío; y será igual que el nombre de su padre. Y será semejante a mí, porque aquello que el Señor lleve a efecto por su mano, por el poder del Señor, guiará a mi pueblo a la salvación" (2 Nefi 3:15). En otras palabras, tal como José que fue vendido para Egipto trajo la salvación a su propia familia, un futuro vidente llamado José traería la salvación a sus descendientes.

Nefi y Mormón seguramente conocían y entendían la profecía de José, y ellos vieron como fue atado a las profecías de Isaías acerca de la restauración de los últimos días. Ellos reconocieron que por medio de un José (yôsēp) de los últimos días, Jehová "ha[rá] (yôsīp) una obra maravillosa”, y "desnuda[rá] (yôsīp) su santo brazo ante los ojos de todas las naciones” y "pondrá otra vez (yôsîp) su mano para recobrar el remanente de su pueblo”.8 Estas profecías bellamente integradas—junto con sus usos repetidos del juego de palabras hebreas—ayudan a confirmar que José Smith, quien tenía el mismo nombre que su padre, fue realmente el profeta de la restauración.9

Con respecto a la creciente crítica de José Smith en el mundo actual, el élder Neil L. Andersen ha enseñado: "Los comentarios negativos sobre el profeta José Smith irán en aumento conforme se acerque la Segunda Venida del Salvador. Las verdades a medias y los engaños sutiles no disminuirán. Tendrán parientes y amigos que necesitarán su ayuda".10

Para resistir esta creciente persecución, el élder Andersen enfatizó: "Cada creyente necesita una confirmación espiritual de la misión divina y del carácter del profeta José Smith".11

¿Cómo puede uno obtener tal testimonio? Entre otras sugerencias, el élder Anderson señaló que un "testimonio podría destilarse sobre su alma a medida que leen una y otra vez el Libro de Mormón".12 No solamente el mismo Libro de Mormón testifica del llamamiento profético de José Smith, sino que lo hace de una manera que probablemente va más allá de su propia habilidad literaria.13 De manera importante, José, quien fue vendido para Egipto, declaró dos veces que estaba "seguro" de la promesa del Señor con respecto al vidente de los últimos días llamado José (2 Nefi 3:14-16). Al leer y orar con respecto al Libro de Mormón, podemos obtener la misma confianza, del mismo Señor, de que José Smith es el profeta de la largamente prometida restauración.   

Otras lecturas

Matthew Bowen, "Onomastic Wordplay on Joseph and Benjamin and Gezera Shawa in the Book of Mormon", Interpreter: A Journal of Mormon Scripture 18 (2016): 255–273.

Matthew Bowen, "‘He Shall Add’: Wordplay on the Name Joseph and an Early Instance of Gezera Shawa in the Book of Mormon", Insights 30, no. 2 (2010): 2–4.

Neil L. Andersen, "José Smith", Liahona, Noviembre 2014, 28–31, en línea en lds.org.

Joseph Fielding McConkie, "Joseph, Son of Jacob", Encyclopedia of Mormonism, 4 vols., ed. Daniel H. Ludlow (New York, NY: Macmillan, 1992), 2:760–761.