El vocablo almud en la traducción del Libro de Mormón

 

“¿Encienden los hombres una vela y la ponen debajo de un almud?” (3 Nefi 12:15)

El proceso de la traducción del Libro de Mormón posee ciertos términos contextuales que presentan un desafío puesto que, aparentemente, implicarían anacronismos respecto de la posición histórica donde el relato se desenvuelve. Sin embargo, al estudiarlos uno a uno, es claro que para la inmensa mayoría de ellos hoy existe una explicación plausible y razonable que hace que el libro conserve tanto su validez como una renovada fuerza respecto de su veracidad. Uno de esos términos es el uso en su traducción de la palabra almud. Lo peculiar de ello es que hallamos una sola vez en todo el libro esta palabra. El contexto en que ella aparece es la visita de Cristo a América después de Su resurrección, específicamente en el sermón que tradicionalmente se conoce como “el Sermón del Monte” en la Biblia, el cual ofreció Jesús en el Nuevo Mundo toda vez que bajó de los cielos para manifestarse a su pueblo en las proximidades del “templo que se hallaba en la tierra de Abundancia” (3 Nefi 11:1). Tanto la traducción del texto bíblico como del Libro de Mormón vierten el pasaje de la misma manera: “He aquí, ¿encienden los hombres una vela y la ponen debajo de un almud? No, sino en un candelero; y da luz a todos los que están en la casa; por lo tanto, así alumbre vuestra luz delante de este pueblo, de modo que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.” (3 Nefi 12:15-16; Mateo 5:15-16)

En este sentido y haciendo alusión al contexto del día a día en tierra Santa de donde procede el primer discurso de Jesús, podemos decir que en las casas hebreas era común el uso de lámparas pequeñas de arcilla en base a aceite, usualmente aceite de oliva, y mechas. Su luz era tenue y de alcance reducido, por lo que las elevaban en un candelabro a una posición elevada para que aquella luz pudiera iluminar con una mayor proyección y alcance el interior de sus casas en la noche. Por su parte, como lo menciona la analogía del sermón, las casas tenían estos candelabros que, a diferencia de las robustas estructuras de los lugares públicos, eran más bien superficies humildes y sencillas donde posaban aquellas lámparas. Es así como una repisa se colocaba en el centro de una habitación sujeta a la columna que sostenía la gran viga transversal del techo plano, o eran piedras sobresalientes en la parte interior de la pared, o bien un trozo de metal colocado visiblemente para ese fin.1 Y es en este contexto plenamente doméstico donde aparece en la narrativa el almud, una caja también doméstica al alcance los de la casa que no haría sentido que ellos tomaran para luego tapar la luz que alumbraba la habitación con ella. De hacer tal acción ilógica, el oxígeno con el fuego se consumiría y, consecuentemente, la luz finalmente se apagaría dejando a los moradores en penumbras.

Poniendo foco en el objeto mismo y su definición dentro del contexto bíblico, el almud, o “modius” en griego, era a la vez una medida y un objeto físico presente en el diario vivir. En su sentido de medida de capacidad, fue introducida por el imperio Romano y, como era de esperarse, su uso se popularizó en todo el Mediterráneo siendo utilizada para la transacción de bienes de consumo tales como granos, cereales y áridos. Ella representaba una métrica para la medición “muy variable según las épocas y las regiones, cuyo valor oscilaba entre 4,5 y 11 litros”.2 Debido a esta capacidad oscilante según fuera el acuerdo, el objeto que la albergaba era fácil de encontrar en cada hogar. Era un recipiente usualmente construido de madera, rectangular o troncopiramidal, en forma de caja sin tapa3 , o bien un recipiente cilíndrico que albergaba la misma medida que podía ser de arcilla o metálico4 Dado que lo que poseemos hoy del Libro de Mormón es una traducción al inglés, y tomando en cuenta lo anteriormente señalado respecto del almud, se infiere que las características que el objeto que represente al vocablo almud en el Nuevo Mundo, para ser válido, debe ser capaz de albergar una cantidad definida o entendible de granos o productos similares, ser usada como medida de cambio, ser común en las casas y el objeto mismo, ser de un material sólido de tal manera que contenga sin pérdida de contenido las substancias que almacenará.

Imagen que representa dos tipos de almudes europeos

La aparente contradicción es que, dado que las migraciones mencionadas hacia América en el Libro de Mormón son muy anteriores al Imperio Romano en varios siglos, tales pueblos no podrían haber tenido acceso al uso del almud Europeo y, sin embargo, Jesús lo ocupa en su discurso a los precolombinos. Pero es correcto volver a enfatizar el punto de que lo que tenemos hoy en el Libro de Mormón respecto del almud es solo una traducción. Realmente no sabemos qué palabra específicamente usó el Salvador para referirse a tal objeto. Solamente sabemos que José Smith decidió conservar el mismo término que tenemos en la Biblia, lo cual es perfectamente entendible dado que la audiencia del libro es la moderna.   No obstante y a pesar de ello, es muy interesante el indagar en posibles candidatos que cumplan con las condiciones anteriormente señaladas para ser el objeto del cual procede el vocablo almud del Libro de Mormón. Uno de ellos que analizamos en este artículo es la jícara Maya.

La jícara es una vasija que puede ser elaborada de varios materiales, tanto de arcilla como de la madera proveniente de la especie vegetal del cual el nombre procede. En cuanto a la universalidad del uso tanto comercial como otros de estas vasijas jícaras en el período precolombino, leemos que Hernán Cortés describió el mercado de Tenochtitlán como un "lugar al que concurren millares de personas, entre ellos muchos olleros con sus vasijas de barro y piedra... comercio que se reflejaba en los suntuosos banquetes de Moctezuma, cuyos cocineros preparaban trescientos platos para que el emperador escogiese en vajillas de vasos, jícaras y jarras de oro y plata”.5 Por lo cual, esto habla de la universalidad de uso que se requiere para el candidato al objeto original para almud en el Libro de Mormón.

Jicaras Maya de arcilla y madera

Tradicionalmente, la jícara se ha usado de formas novedosas en el ambiente doméstico y ha beneficiado económicamente a las personas de la región del Yucatán. El árbol que la genera es la Crescentia cujete que pertenece a la familia Bignoniaceae y que mide hasta 10 m. de alto y 30 cms. de diámetro con ramas generalmente torcidas, hojas de diferentes tamaños en cada fascículo, simples a obovadas, sin peciolo. Es una especie característica de climas tropicales. Lo que hace que esta planta sea distinguida es que su fruto posee una cáscara o pericarpio grueso, leñoso, muy duro y resistente con el cual los Mayas han podido elaborar una serie de utensilios tales como cucharas, vasos, vasijas, etc.6 Actualmente, inclusive con las jícaras es usual hacer lámparas para velas e incensarios. Debido a que la narrativa del Sermón de 3 Nefi en el Nuevo Mundo exige que el objeto que tapa la luz sea resistente, la jícara posee una disponibilidad y extensión idóneas para llenar esta condición en cuanto al material del recipiente.

El árbol de la jícara y su fruto

Siguiendo con los requerimientos del almud, en tiempos prehispánicos “la jícara fue usada también como medida; en los códices se ven jícaras con polvo de oro o de pigmentos junto con los numerales que designan la cantidad que debería ser entregada como tributo al imperio. Como medida la jícara se usó hasta tiempos coloniales. En algunas partes de México, las jícaras y algunos guajes eran decorados estupendamente con la técnica del maque; hoy en día se pueden ver algunas de esas jícaras en los estados de Michoacán y Oaxaca, entre otros”.7 En cuanto a su relación con su capacidad de mediar el comercio podemos ver que en Tenochtitlan, distintas vasijas sirvieron para poder transportar e intercambiar granos según consta en el Codex Florentino.8 Este es solo un ejemplo de las muchas veces en que la jícara se ocupa como medio de cambio en la civilización Maya. Es por esto que la segunda condición que se impone sobre un vocablo original candidato para almud, el de que sea un utensilio que sirva para representar una capacidad determinada para una transacción, también estaría cumplido por ella siendo la última condición que impone la definición de almud para el Libro de Mormón. Es decir la jícara, como posible candidato, cumpliría todas las demandas que impone el mismo uso bíblico al vocablo almud.

Se muestra el uso de vasijas jícaras  para la transacción de granos en la cadena de comercialización y distribución (Codex Florentino)

Mientras tanto, también es interesante mencionar que si bien los Mayas solían usar el fuego central en base a tres piedras en el centro de sus casas donde cocinaban para alumbrar y compartir 9, también existe evidencia que las jícaras fueron usadas como receptáculo para colocar incienso Copal, cuyas propiedades tanto prácticas como espirituales, tales como el buen aroma que impregnaba a las viviendas y la relación con la purificación, era un objeto predilecto de tener en los hogares 10. Aún más interesante es el hecho de que además las jícaras podían ser llenadas con el látex proveniente de la extracción del caucho del Chicozapote “conocido por los mayas en la época prehispánica con el nombre de sicté (tzictli en náhuatl) ya' (en maya). Lo extraían en pequeñas cantidades, era usado en ceremonias, también servía para limpiar la dentadura, producir saliva y mitigar la sed principalmente. Para extraerlo no escalaban el árbol, lo cortaban de la misma forma pero hasta la altura que alcanzaban sus brazos. Para recoger el chicle pegaban jícaras al tronco. La resina les servía para hacer velas que usaban en ofrendas a las deidades, también para alumbrar sus casas”. 11 Por lo cual, estas lámparas hechas con jícaras no tenían sentido si se tapaban con otra jícara destinada al almacenamiento doméstico (que hubiese hecho las veces del almud), sino que debía alumbrar y dar el aroma que corresponda según su incienso y su luz del chicle en ella. Así que debemos suponer que además había una relación directa con la luz en una habitación si es que el uso doméstico así lo dictaba.

El uso del Copal (incienso) y la resina del látex pudieron alumbrar las casas maya de forma adicional al fuego central que en ellas siempre había.

Pero adentrándonos más allá de las condiciones contextuales anteriores impuestas por el uso del vocablo romano y de su relación con la luz doméstica, es digno de mencionar que en Mesoamérica el uso de la jícara Maya trascendió tanto el del hogar como del comercio, debido a su simbolismo e importancia en el sentido espiritual. Por mencionar ejemplos, en el ritual de “La visión de la Serpiente” el cual el sacerdote oficiaba en la cúspide del templo Maya, estaba una jícara para ser el depósito de la sangre que él derramaba al autoflagelarse su cuerpo.12 En jícaras halladas en tumbas existen pinturas grabadas con escenas del inframundo Maya tales como las aguas de éste y alusiones al árbol de jícara del Popol Vuh “en el que los señores de Xibalbá, vencedores, colgaron la cabeza de Hun Hunahpú de un árbol de jícaras”.13 Sin embargo, al irse aún más atrás en el tiempo hasta las raíces del pensar religioso Olmeca, se encuentra que la fuerza de la creación se concentra en un enorme y poderoso volcán donde el fuego y la luz yacen en su interior y por el cual las pirámides Mayas conservan aquella silueta en su memoria.14 Sin embargo, al irse aún más atrás en el tiempo hasta las raíces del pensar religioso Olmeca, se encuentra que la fuerza de la creación se concentra en un enorme y poderoso volcán donde el fuego y la luz yacen en su interior y por el cual las pirámides Mayas conservan aquella silueta en su memoria. 15Entonces, cuando los depositarios de esta tradición, los Mayas, encienden el Copal y el chicle dentro de las jícaras no solo lo hacen por un aspecto funcional sino también como un elemento simbólico apuntando hacia el origen de la luz y la vida y su relación con la Divinidad.16 Por ende, la jícara con su capacidad de contener la luz es símbolo de vida espiritual. El acto de ocultarla sería equivalente a decir que la creación no tenga sentido o bien de intentar destruirla. De forma asombrosa el juego que hace Jesús de “la lámpara” y “el almud” entendiéndolo en el contexto Nuevo Mundo es muy interesante. La lámpara jícara con la luz extinguida significa que el discípulo no cumple la misión para la cual fue creado. El que anda con Cristo comparte la luz de Cristo, quien es por definición “la luz y la vida del mundo” (3 Nefi 11:11). A su vez, ese mensaje es concordante con el sentido espiritual bíblico.

A modo de resumen, es indudable que la jícara es un posible candidato para ser el objeto nativo al cual se refirió Jesucristo en su “Sermón del Monte” en América y que fue vertido como almud en la traducción moderna del Libro de Mormón. Las razones explicadas son que ella fue un objeto doméstico de material resistente, se usó extensamente como medida de cambio en los procesos comerciales precolombinos de Mesoamérica, existiendo evidencia de su utilización como un repositorio de luz y obedeciendo al simbolismo de que el ser humano cumpla propósito de su creación. Todo bastante consistente con la posición y sentido espiritual que se espera. Por lo cual, esto nos llama no solamente a asombrarnos por la autenticidad del Libro de Mormón pero también a reflexionar en que la luz espiritual con la cual nuestro Señor nos ha investido esté encendida. Nuestra fe y amor no debe apagarse sino brillar en medio de un mundo de oscuridad. En nosotros está la decisión de dejar actuar a Cristo dentro de nosotros para que eso se lleve a cabo realmente.

  • 1. William Herndriksen, El evangelio Según San Marcos, en Libros desafío 1998, 167
  • 2. Real Academia Española, “Almud”, en Diccionario RAE, extraído el 16 de agosto de 2018 de: dle.rae.es/srv/search?m=30&w=almud.
  • 3. En cuanto al término original griego de la palabra almud, la palabra griega es “modios” (μόδιον) que en su etimología quiere “medida”. El modius es un recipiente cilíndrico. Judith Lynn Sebesta y Larissa Bonfante, The World of Roman Costume (University of Wisconsin Press, 2001), 245; Irene Bald Romano, “Classical Sculpture: Catalogue of the Cypriot, Greek, And Roman Stone Sculpture in the University Of Pennsylvania”, Museum of Archaeology and Anthropology (University of Pennsylvania Museum of Archaeology, 2006), 294.
  • 4. Haverfield, F., “Modius Claytonensis: the Roman bronze measure from Carvoran” (Newcastle upon Tyne: Reid 1916).
  • 5. Wikipedia, “Jícara (vasija)”, extraído el 16 de agosto de 2018 de: https://es.wikipedia.org/wiki/J%C3%ADcara_(vasija).
  • 6. Manuel L R. Pool-Chale, “La jícara y sus usos tradicionales en Yucatán, una vasija hecha del fruto de Crescentia cujete L. (Bignoniaceae)”, en Herbario CICY (Centro de Investigación Científica de Yucatán, A.C), 6: 116–118.
  • 7. “Jícaras y guajes”, en Revista Arqueología Mexicana, extraído el 16 de agosto de 2018 de: https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/jicaras-y-guajes
  • 8. Imagen del Codex Florentino, en Club Internacional del Libro, facsimil 3, Madrid, 1994
  • 9. Claude-François Baudez, “Una historia de la religión de los antiguos Mayas”, extraído el 16 de agosto de 2018 de: https://books.openedition.org/cemca/955?lang=es
  • 10. University of Pennsylvania, “From the Archive” (Col 51. Number 1. par. 5-9) extraído el 16 de agosto de 2018 de: https://www.penn.museum/documents/publications/expedition/PDFs/51-1/From%20the%20Archives.pdf
  • 11. Maya-archeology.org, “Copal, pom, is the main Maya incense used in Maya religious ceremonies”, extraído el 16 de agosto de 2018 de: www.maya-archaeology.org/pre-Columbian_Mesoamerican_Mayan_ethnobotany_Mayan_iconography_archaeology_anthropology_research/copal_pom_Maya_incense_religious_ceremonies.php
  • 12. Foro-taller: “El pasado, presente y futuro de la actividad chiclera en la zona maya de Quintana Roo” (5 junio 2008). Organizado por la Organización de Ejidos Productores Forestales de la Zona Maya, SC.
  • 13. Eric von Euw, “Corpus of Maya Hieroglyphic Inscriptions” (1997, Cambridge, MA: Peabody Museum of Harvard University) Vol. 3, Part 1. Ivanoff, Pierre, “Monuments of Civilization: Maya” (1973, New York: Brosset & Dunlap)
  • 14. Claude-François Baudez, par. 69.
  • 15. Lyndon DeSalvo, “Bleeding Earth: Volcanoes as the Prototypical Mountains in Mayan Cosmological Past”, extraído el 16 de agosto de 2018 de: https://apps.carleton.edu/curricular/ocs/guatemala/assets/DeSalvo_2008.pdf
  • 16. Dennis Tedlock, “Popol, the Mayan Book of the Dawn of Life”, (1996) 63

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Referencias a Escrituras: 
3 Nefi 11:1
3 Nefi 11:11
3 Nefi 12:15-16
Mateo 5:15-16