Carne sacrificada, sacerdotes, israelitas y la Santa Cena: 1 Corintios 8-11

Noé Correa

Imagen vía musicatolicaportal.com

Para muchos, se les hace difícil entender los cambios de temas que Pablo hace en esta sección de su primera carta a los corintios, los capítulos 8 al 11. Los expertos en temas bíblicos han notado que esta sección se trata de un solo argumento.

Veamos lo que hace Pablo.

El tema comienza con “lo sacrificado a los ídolos” (1 Cor 8:1). Los santos de Corinto tenían la duda si era malo comer carne sacrificada a ídolos. En Corinto, como en otros lugares, se vendía en los mercados la carne sacrificada en los templos de los dioses paganos. Pablo deja claro que “un ídolo nada es en el mundo” (1 Cor 8:4), pero identifica a dos grupos en la Iglesia que no tenían el mismo nivel de conocimiento:

* (1) los débiles que se contaminan la conciencia por distraerse por los ídolos (1 Cor 8:7,10) y

* (2) los que reconocen que en nada les afecta la carne y tienen la “libertad” de comerla (1 Cor 8:9 ,11).

Pablo les dice: “Si bien el alimento no nos hace más aceptos ante Dios, pues ni porque comamos seremos más, ni porque no comamos seremos menos ” (1 Cor 8:8). Sin embargo, es importante tener en mente a los débiles: “Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, jamás comeré carne para no hacer tropezar a mi hermano” (1 Cor 8:13).

Por esa razón, en el capítulo 9, él apóstol se regocija en su libertad: “¿No soy apóstol? ¿No soy libre?” (1 Cor 9:1). Esta libertad es de gozar de las bendiciones del evangelio al servir a los santos: “¿Acaso no tenemos derecho de comer y beber?” (1 Cor 9:3[-12]). Aquí viene la conexión con el capítulo anterior. A pesar de que con la carne sacrificada tienen que usar prudencia, Pablo tiene derecho de las bendiciones tal como los sacerdotes del tabernáculo/templo comían de lo sacrificado a Jehová: “… comerán de las ofrendas encendidas a Jehová” (Deut 18:1-2). Pablo supo que los apóstoles tienen el sacerdocio comparable a los sacerdotes del templo: “¿No sabéis que los que trabajan en lo sagrado, comen lo del templo; y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (1 Cor 9:13-14). El capítulo termina con Pablo explicando que aunque puede vivir del evangelio, él no lo hace (1 Cor 9:15). Pablo se dedica 100% a anunciar el evangelio (1 Cor 9:19-27).

En el capítulo 10, Pablo enseña que a pesar de que los israelitas en el desierto gozaron también de la bendición de “comer” y “ beber” símbolos de Cristo (1 Cor 10:3-4), no significa que hayan agradado a Dios (1 Cor 10:5-10). Recuerden que el argumento de Pablo es que el comer afecta negativamente a los débiles, como lo dijo en el capítulo 8. “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Cor 10:12). Podían ser afectados por la carne sacrificada a ídolos, si eran débiles, o ser bendecidos por participar de la Santa Cena, si eran fieles: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?” (1 Cor 10:16).

Pablo es inspirado en su estrategia. Usa la división entre los santos de Corinto (1 Cor 1:10-11) para mostrarles que su comportamiento va en contra de su participación de la Santa Cena: “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo, pues todos participamos de aquel mismo pan” (1 Cor 10:17). “No podéis beber la copa del Señor y la copa de los demonios; no podéis ser partícipes de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios” (1 Cor 10:21). Para aplicarlo hoy en día, no podemos tomar de la Santa Cena y luego vivir como si nada: “Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a divertirse” (1 Cor 10:7). De nuevo hace la conexión con la carne sacrificada a ídolos:

“Y si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia. Pero si alguien os dice: Esto fue sacrificado a los ídolos; no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por motivos de conciencia, porque del Señor es la tierra y su plenitud” (1 Cor 10:27-28).

El mensaje es que debemos buscar lo que edifica a todos, en lugar de lo que edifica uno solo: “No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; como también yo en todas las cosas complazco a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos” (1 Cor 10:32-33).

En el capítulo 11, Pablo describe la conducta que desagrada a Dios en la Iglesia.

Muchos se confunden con lo que dice Pablo sobre el cabello, mientras que otros se esfuerzan por relacionarlo con el templo (1 Cor 11:1-15). Es un tema medio complicado (conectado con las creencias científicas del día) pero solo hablaremos de lo que edifica. Sin meternos en los detalles, en el primer siglo no era modesto que las mujeres mostraran el cabello, como algunas culturas musulmanes lo creen todavía. Por reunirse los primeros santos en casas, muchas mujeres no sentían la necesidad de llevar velo para cubrirse el cabello. Pablo les amonestó en contra de tal práctica. Cuando dice Pablo que “el varón es la cabeza de la mujer” (1 Cor 11:3), se refiere a que Eva procedió de Adán, de su costado, “porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón” (1 Cor 11:8), no que el varón sea más que la mujer. “Porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios” (1 Cor 11:12).

Además de esto, el enfoque de los santos de Corinto no era la Santa Cena (1 Cor 11:20). En la Iglesia se reunían para hacer fiesta, comiendo y embriagándose (1 Cor 11:21). Pablo les recuerda el significado del pan y la copa (1 Cor 11:23-26), la verdadera razón de las reuniones dominicales.

Por lo tanto, Pablo proclama que se puede comer lo que sea de la carnicería, sacrificado a quien fuera, pero si no edifica al débil que no se haga. Además, los que participan de la Santa Cena deben conducir la vida de manera que concuerde con la memoria del sacrificio de nuestro Señor Jesucristo. “Por tanto, examínese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa” (1 Cor 11:28).

¿Qué haces para ayudarles a tus hijo a comprender la Santa Cena?

¿Qué costumbres debes cambiar para estar más acorde con los convenios?

¿Qué les ayuda a recordar la Expiación entre semana?

Buscar post destacados