¿Qué revela la arqueología acerca de las guerras durante los primeros tiempos nefitas?

Marzo 13, 2018
Alma's Captains (Capitanes de Alma) por James Fullmer
KnoWhy #328
Alma's Captains (Capitanes de Alma) por James Fullmer
“[P]or lo tanto, resistimos a los lamanitas y los lanzamos de nuestras tierras, y empezamos a fortificar nuestras ciudades, y los sitios de nuestra herencia, cualesquiera que fuesen. ... [E hicimos] armas de guerra, sí, la flecha puntiaguda, y la aljaba, y el dardo, y la jabalina y todo preparativo para la guerra".
Jarom 1:7–8

El Conocimiento

La guerra entre los lamanitas y los nefitas fue una realidad perturbadora desde el reinado de Nefi (2 Nefi 5:34; Jacob 1:10; 7:26). Hacia el final de su vida, Jacob escribió sobre las guerras y el derramamiento de sangre causado por los lamanitas, "[p]or tanto, el pueblo de Nefi se fortificó contra ellos con sus armas y con todo su poder, confiando en el Dios y roca de su salvación; por tanto, pudieron ser, hasta el momento, vencedores de sus enemigos" (Jacob 7:25).

Enós "vio guerras ... en el transcurso de [sus] días" (Enós 1:24),1 y Jarom dijo que los nefitas en su tiempo "empeza[ron] a fortificar [sus] ciudades" y elaboraron "armas de guerra, sí, la flecha puntiaguda, y la aljaba, y el dardo, y la jabalina" (Jarom 1:7-8).2 Varios de los autores en Omni también mencionaron experiencias de guerra (Omni 1:3, 10, 17, 24).

La evidencia de la arqueología mesoamericana es generalmente consistente con este panorama de guerra a lo largo de este período de tiempo,3 y sugiere que la naturaleza de la guerra estaba cambiando durante ese tiempo. Ross Hassig, un estudioso de la guerra mesoamericana, creía que alrededor del comienzo del siglo IV a. C., comenzó "un período de creciente profesionalismo militar... y las armas especializadas... dominaron la guerra".4

Imagen de arcos y flechas mesoamericanas

Hassig también argumentó: "Al mismo tiempo, las fortificaciones crecieron en número y tamaño para contrarrestar la amenaza de los ejércitos emergentes".5 En 1990, John L. Sorenson documentó una tendencia similar en el registro arqueológico, observando un fuerte aumento en los sitios fortificados entre 400-50 a. C.6 Curiosamente, estas tendencias arqueológicas corresponden bien con lo que menciona Jarom de las fortificaciones de las ciudades nefitas y de hacer armas de guerra entre el año 400-360 a. C. (Jarom 1:5, 13).

Las armas específicas que menciona Jarom también son interesantes. Según Brant A. Gardner, el "catálogo de armas de Jarom incluye las más comunes en Mesoamérica".7 Aunque la mención de la flecha, dardo y la jabalina puede parecer redundantes,8 inventarios de armas mesoamericanas comunes  incluían "dardos, flechas [y] lanzas" cada una como un arma separada con usos ligeramente diferentes.9

Las flechas normalmente las disparan utilizando un arco,10 mientras que los dardos eran proyectiles que se lanzaban utilizando un artefacto llamado átlatl y las lanzas se tiraban con la mano (jabalinas) o se usaban como armas de empuje (lanzas).11 Estos corresponden bien al inventario de Jarom de la "flecha puntiaguda, ... y el dardo, y la jabalina".12

El Porqué

Bajo la amenaza constante de la guerra, los nefitas tuvieron que adaptarse y estar preparados con el propósito de sobrevivir. Por lo que fortalecieron sus ciudades (Jarom 1:7) y desarrollaron nuevas armas (v. 8) y estrategias para satisfacer mejor sus necesidades. La innovación y la mejora constante permitieron el éxito continuo.

Ilustración de armas mesoamericanas, incluyendo el dardo, la lanza, el átlatl, el arco y la flecha

Esta situación se repitió a lo largo del Libro de Mormón. Después de una de las peores batallas de la historia lehita en la que decenas de miles de lamanitas y nefitas fueron masacrados (Alma 28:2-6), Moroni preparó a todos sus hombres con petos, escudos de diversos tipos y ropa gruesa, lo cual tomó a sus enemigos desprevenidos (Alma 43:19-20).

No pasó mucho tiempo en que los lamanitas "también se habían preparado con escudos y con petos" y "con vestidos de pieles, sí, vestidos muy gruesos para cubrir su desnudez" (Alma 49:6), pero se decepcionaron al descubrir que Moroni no había estado inactivo, sino que había fortalecido las ciudades de Ammoníah y Noé que una vez habían sido puntos débiles en el sistema de defensa nefita (Alma 48-49).13

Más tarde al enfrentar la amenaza de los ladrones de Gadiantón, los nefitas, bajo el liderazgo y consejo profético, una vez más adaptaron sus estrategias y recursos para enfrentar la única amenaza planteada por las tácticas enemigas (3 Nefi 3:21). Esta vez, el pueblo se reunió por órdenes del gobernador Laconeo y bajo el mando del capitán Gidgiddoni, fortalecieron la resistencia unida en un plan de siete años para eliminar por medio del hambre a los ladrones.

Tal como los nefitas en los tiempos de Jarom, Moroni y Gidgiddoni innovaron e implementaron las últimas tecnologías militares de su época, nuestros hábitos de estudio del Evangelio también deberían adaptarse para utilizar las últimas tecnologías disponibles para mejorar nuestras propias defensas espirituales.

Batalla del Río Sidón por Jorge Cocco

El Adversario está tomando completa ventaja del Internet en sus esfuerzos de tentar a las personas y destruir sus testimonios. Pero el Internet también puede usarse para fortalecer y reforzar la fe personal. No solamente son fáciles de localizar las ediciones digitales de las Escrituras y disponibles en las tablets o teléfonos inteligentes, sino que también hay una gran cantidad de recursos que son proveídos por la iglesia y organizaciones independientes leales.

Los Ensayos sobre Temas del Evangelio proveen un recurso enciclopédico sobre preguntas comunes. La historia de la iglesia en lds.org proporciona una rica variedad de información histórica y ensayos, y Joseph Smith Papers Project hace que las fuentes principales relacionadas con la vida del profeta José Smith estén disponibles en línea. Estudios extensos sobre el Libro de Mormón están disponibles en línea también, y pueden mejorar aún más el estudio de las escrituras.14

El élder M. Russell Ballard enseñó que utilizar estos recursos "por medio de un estudio reflexivo de la doctrina y de la historia, junto con un testimonio ardiente, es el mejor antídoto que tenemos para ayudar a los alumnos a evitar y lidiar con preguntas, dudas y crisis de fe que pudieran afrontar en esta era de información".15 El élder Ballard también advirtió: "[N]o transmitan rumores para promover la fe o que no tienen fundamento... del pasado".16

Atrás han quedado los días en los que un alumno hacía una pregunta sincera y el maestro respondía: “¡No te preocupes por eso!” Atrás han quedado los días en los que un alumno expresaba una preocupación sincera y el maestro compartía su testimonio como respuesta para evitar hablar del asunto. Atrás han quedado los días en los que se protegía a los alumnos de la gente que atacaba a la Iglesia.17

Sin embargo, el élder Ballard prometió que a medida que implementamos nuevos recursos y tecnologías, "la combinación del aprendizaje mediante el estudio, la fe y un testimonio puro... produce una conversión verdadera y perdurable".18 Tal conversión es lo que realmente se necesita para resistir los ataques del adversario y soportar estos tiempos difíciles.

Otras lecturas

Brant A. Gardner, Traditions of the Fathers: The Book of Mormon as History (Salt Lake City, UT: Greg Kofford Books, 2015), 191–211.

John L. Sorenson, Mormon’s Codex: An Ancient American Book (Salt Lake City y Provo, UT: Deseret Book y Neal A. Maxwell Institute for Religious Scholarship, 2013), 405–417.

John L. Sorenson, Images of Ancient America: Visualizing Book of Mormon Life (Provo, UT: FARMS, 1998), 130–133.

  • 1. Enós también notó que los lamanitas eran "una gente sanguinaria" cuya "destreza se hallaba en el arco, en la cimitarra y en el hacha" (Enós 1:20).
  • 2. Para el tiempo de los escritos de Jarom, véase Jarom 1:5, 13.
  • 3. Véase Brant A. Gardner, Traditions of the Fathers: The Book of Mormon as History (Salt Lake City, UT: Greg Kofford Books, 2015), 208–211.
  • 4. Ross Hassig, War and Society in Ancient Mesoamerica (Berkley y Los Angeles, CA: University of California Press, 1992), 30. Ross Hassig, “Warfare”, en The Oxford Encyclopedia of Mesoamerican Cultures: The Civilizations of Mexico and Central America, ed. Davíd Carrasco (New York, NY: Oxford University Press, 2001), 317 argumenta que en ese tiempo "Mesoamérica entró en un periodo cuando las ciudades y estados entraron en conflicto por el dominio local", y también mencionan un continuo "desarrollo de armas".
  • 5. Hassig, “Warfare”, 317. Véase también Hassig, War and Society, 32. Para más información sobre las fortificaciones en el Libro de Mormón, véase Book of Mormon Central en Español, “¿Cuál fue la naturaleza de las fortificaciones nefitas? (Alma 50:6)”, KnoWhy 158 (Julio 12, 2017).
  • 6. John L. Sorenson, “Fortifications in the Book of Mormon Account Compared with Mesoamerican Fortifications”, en Warfare in the Book of Mormon, ed. Stephen D. Ricks y William J. Hamblin (Salt Lake City y Provo, UT: Deseret Book y FARMS, 1990), 429, tabla 2. Véase también Takeshi Inomata y Daniela Triadan, “Culture and Practice of War in Maya Society”, en Warfare in Cultural Context: Practice, Agency, and the Archaeology of Violence, ed. Axel E. Nielson y William H. Walker (Tucson, AZ: University of Arizona Press, 2009), 66. Jay Silverstein y David L. Webster, “Fortifications”, en Archaeology of Ancient Mexico and Central America: An Encyclopedia, ed. Susan Toby Evans y David L. Webster (New York, NY: Routledge, 2010), 283 parecen indicar que los sitios fortificados emergen con mayor frecuencia entre 500-300 a. C.
  • 7. Brant A. Gardner, Second Witness: Analytical and Contextual Commentary on the Book of Mormon, 6 vols. (Salt Lake City, UT: Greg Kofford Books, 2007), 3:33. Véase también John L. Sorenson, An Ancient American Setting for the Book of Mormon (Salt Lake City y Deseret Book, 1985), 262: "Los arcos y flechas, piedras y hondas, jabalinas, dardos, hachas y varios tipos de escudos están bien atestiguados en documentos y restos arqueológicos de Mesoamérica".
  • 8. Jarom también menciona "aljaba" la cual es meramente un medio para portar armas de proyectiles como la flecha y los dardos, y fueron usados por los aztecas y los mayas. Véase Hassig, War and Society, 138, 248 n.7; Lynn V. Foster, Handbook to Life in the Ancient Maya World (New York, NY: Oxford University Press, 2002), 146.
  • 9. David L. Webster, “Warfare”, en Archaeology of Ancient Mexico and Central America, 806. Mary Miller y Karl Taube, An Illustrated Dictionary of The Gods and Symbols of Ancient Mexico and the Maya (New York, NY: Thames y Hudson, 1993), 185 también menciona tres armas de la misma naturaleza: "...guerreros llevando lanzas con punta de obsidiana, flechas, átlatl o lanzadores de dardos".
  • 10. El tiempo exacto de cuando el arco fue introducido en las guerras de Mesoamérica es un asunto de debate continuo. Sin embargo, en una reciente y exhaustiva evaluación del armamento maya, especialmente el armamento de piedra astillada, Dr. Kazuo Aoyama ha señalado: "Aunque las puntas de lanza o dardos eran más importantes que el arco y la flecha en la guerra maya clásica, las cuchillas de la prisma de obsidiana con muescas y sin muescas estaban presentes en el valle de Copán durante el periodo clásico temprano y tardío... El resultado del análisis de microdesgaste de alta potencia indica que estas cuchillas se usaron principalmente como puntas de flecha. El arco y la flecha estaba presente en las tierras bajas mayas antes de lo que se había sugerido anteriormente. Kazuo Aoyama, “Classic Maya Warfare and Weapons: Spear, Dart, and Arrow Points of Aguateca and Copan”, Ancient Mesoamerica 16, no. 2 (2005): 291–304, citado en 301, énfasis añadido. Véase también William J. Hamblin, “The Bow and Arrow in the Book of Mormon”, en Warfare in the Book of Mormon, 379–392; John L. Sorenson, Mormon’s Codex: An Ancient American Book (Salt Lake City y Provo, UT: Deseret Book y Neal A. Maxwell Institute for Religious Scholarship, 2013), 413–415.
  • 11. Ross Hassig, “Weapons”, en Archaeology of Ancient Mexico and Central America, 809: “...arcos y flechas, lanzas, átlatls y dardos y hondas”. Hassig, War and Society, 173, explicó, "como proyectiles, desde lanzas y piedras, a dardos de átlat, a arcos y flechas, aumentaron su alcance, las zonas de muerte se expandieron, haciendo más importantes los proyectiles.
  • 12. Dado que, desde el punto de vista de Hassig, War and Society, 30, "las armas pioneras de los olmecas" se estaban extendiendo por la tierra en ese tiempo, puede ser de valor considerar la "flecha puntiaguda" de Jarom a la luz de la innovación olmeca de armamento. A principios de los tiempos de guerra de los olmecas, "solamente se utilizaron lanzas de madera... pero los proyectiles con puntas de obsidiana fueron adoptados" por los olmecas en el año 1150 a. C. Estas grandes puntas de obsidiana producen lanzas superiores a las de madera, ya que tanto las puntas como los filos largos se pueden usar para cortar y pinchar en lugar de simplemente tirarlos". Hassig, War and Society, 15. Naturalmente, las puntas de obsidiana también se usaron para otros proyectiles (como dardos y flechas). Una "flecha puntiaguda" puede ser una referencia a un proyectil puntiagudo de obsidiana, contra proyectiles de punta de madera que tenían un uso y eficacia más limitada.
  • 13. Para más información sobre las innovaciones de Moroni, véase Book of Mormon Central en Español, "¿Por qué fue ventaja la edad joven de Moroni? (Alma 43:17)”, KnoWhy 151 (Julio 3, 2017).
  • 14. El élder M. Russell Ballard enseñó recientemente: "Es importante que conozcan el contenido de esos ensayos [de los Temas del Evangelio]", e hizo hincapié en que, "[t]ambién deberían familiarizarse con el sitio web de Los documentos de José Smith, con la sección de Historia de la Iglesia en LDS.org y con otros recursos de eruditos fieles SUD". Élder M. Russell Ballard, "Por el estudio y por la fe", Liahona, Diciembre de 2016, pág. 28.
  • 15. Élder Ballard, "Por el estudio y por la fe", 26.
  • 16. Élder Ballard, "Por el estudio y por la fe", 28.
  • 17. Élder Ballard, "Por el estudio y por la fe", 28.
  • 18. Élder Ballard, "Por el estudio y por la fe", 29.