¿Qué nos enseñan el rey Benjamín y Juan el Anciano acerca de ser hijos de Dios?

Saint John the Evangelist (San Juan Evangelista) de Frans Hals-Wikimedia Commons. King Benjamin Addresses His People (El rey Benjamín se dirige a su pueblo) de Gary L. Kapp-Biblioteca de Medios del Evangelio.


Cuando el rey Benjamín concluyó su discurso, su pueblo dijo: "[E]stamos dispuestos a concertar un convenio con nuestro Dios de hacer su voluntad y ser obedientes a sus mandamientos en todas las cosas que él nos mande, todo el resto de nuestros días" (Mosíah 5:5). Después Benjamín dijo: "A causa del convenio que habéis hecho, seréis llamados progenie de Cristo, hijos e hijas de él, porque he aquí, hoy él os ha engendrado espiritualmente; pues decís que vuestros corazones han cambiado por medio de la fe en su nombre; por tanto, habéis nacido de él y habéis llegado a ser sus hijos y sus hijas” (Mosíah 5:7).

El autor de las epístolas 1, 2, y 3 de Juan (a veces identificado como Juan el Anciano),1 detalló lo que significa ser hijos e hijas de Dios. Juan explicó esto a los primeros cristianos:

¡Mirad cuán gran amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios! Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él aparezca, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es (1 Juan 3:1–2)

Juan también recalcó: "Todo aquel que ha nacido de Dios no comete pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque ha nacido de Dios" (1 Juan 3:9). Como hijos de Dios, "guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de él" (1 Juan 3:22). Esto incluye creer "en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros como él nos lo ha mandado" (1 Juan 3:23). Juan también explicó:

En esto hemos conocido el amor de Dios, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo, y ve a su hermano teniendo necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo ha de morar el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad (1 Juan 3:16–18).

Estas enseñanzas hacen eco en el mensaje del rey Benjamín a los nefitas, quienes debían creer en Dios (Mosíah 4:9) y conservar el nombre de Jesucristo siempre en sus corazones, siendo el único nombre por el cual podrían ser salvos (Mosíah 3:8–9, 17; 5:10–12).

Del mismo modo, Benjamín enseñó que si los nefitas estuvieran "llenos del amor de Dios", "no tendreís deseos de injuriaros el uno al otro" (Mosíah 4:12–13). En su lugar, "socorrereís a los que necesiten" e "impartiréis de vuestros bienes al necesitado; y no permitiréis que el mendigo os haga su petición en vano, y sea echado fuera para perecer" (Mosíah 4:16). Como enseñó Benjamín ilustremente:

Pues he aquí, ¿no somos todos mendigos? ¿No dependemos todos del mismo Ser, sí, de Dios, por todos los bienes que tenemos; por alimento y vestido; y por oro y plata y por las riquezas de toda especie que poseemos? (Mosíah 4:19).

Benjamín explicó cómo el pueblo rogaba a Dios por la remisión de los pecados y Él lo concedió, a pesar de que ya estaban en deuda con Dios, ya que Él los creó y los sostenía día a día (Mosíah 4:20–21). Así pues, Benjamín razonó: "¡oh cómo debéis entonces impartiros el uno al otro de vuestros bienes!" (Mosíah 4:21).

Así que, tanto Juan como Benjamín enseñaron que la progenie de Cristo (o hijos e hijas de Dios) deben obedecer los mandamientos del Señor, creer en el nombre de Jesucristo y amarse los unos a los otros impartiendo sus bienes a los necesitados. Benjamín enseñó que nos convertimos en progenie de Cristo al hacer un convenio para hacer todo esto y Juan explicó lo que les espera a los que guardan ese convenio: cuando Cristo regrese, seremos como Él.

Las enseñanzas de Juan y Benjamín son consistentes y complementarias, pero solo si las unimos podremos tener una visión completa. El Libro de Mormón fue escrito para apoyar el registro bíblico (Mormón 7:9); aquí hace exactamente eso no solo apoyando, sino complementando y ampliando las doctrinas enseñadas por Juan.


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  • 1. Hay cierta incertidumbre sobre la autoría de 12, y 3 de Juan, , quien se identifica como "el Anciano" solamente en 2 y 3 de Juan. La tradición cristiana temprana los atribuyó a Juan el Apóstol, pero eso se discute a menudo. Algunos eruditos creen que un personaje de la iglesia cristiana primitiva conocida como Juan el Anciano los escribió. Véase Mark Allen Powell, “John, letters of,” en HarperCollins Bible Dictionary, edición revisada y actualizada Mark Allen Powell (New York, NY: HarperOne, 2011), 483. Para un argumento en el que Juan el Apóstol es el autor, véase Craig L. Blomberg, The Historical Reliability of the New Testament: Countering the Challenges to Evangelical Christian Beliefs (Nashville, TN: B&H Academic, 2016), 499–505.

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