¿Por qué Sion florece en el desierto?

Mayo 16, 2018
Hacia el desierto por Jorge Cocco
KnoWhy #362
Hacia el desierto por Jorge Cocco
"Y sucedió que el Señor le mandó a mi padre, en un sueño, que partiese para el desierto con su familia".
1 Nefi 2:2

El conocimiento

Después de que la iglesia fue establecida en 1830, los primeros santos de los últimos días se embarcaron en una serie de migraciones hacia el oeste que los llevaron constantemente hacia lo más profundo del desierto salvaje.1 Algunos podrían preguntarse por qué habrían empacado todo lo que poseían y trasplantarían sus vidas una y otra vez. Aunque los detalles de cada viaje fueron diferentes, el tema principal se dividió en dos partes: (1) escapar del mundo y su persecución y (2) establecer a Sion. En 1831, el Señor declaró: "[J]untaos vosotros, oh pueblo de mi iglesia, sobre la tierra de Sion... Salid de Babilonia" (DyC 133:4–5).

Como lo describió Hugh Nibley, Dios intencionalmente "abre una brecha entre Sion y Babilonia, una inmensa antipatía mutua que constantemente los separa".2 La necesidad de tal separación parece ser lo suficientemente clara —proteger a Sion tanto de los peligros físicos como espirituales de Babilonia.3 Es el destino inmediato de Sion que a menudo impacta en aquellos que son forzados a huir. En lugar de una tierra donde fluye leche y miel, el pueblo del Señor se encontraba más a menudo hambriento y sediento en un desierto desolado.

El Libro de Mormón repetida y bellamente demuestra el valor de estos viajes en el desierto. La historia empieza con Lehi a quien en un sueño "el Señor le mandó... que partiese para el desierto con su familia" (1 Nefi 2:2). Si bien su precipitada huida probablemente los salvó de un peligro inminente en Jerusalén (véase 1 Nefi 1:20), no pasó mucho tiempo en que el ambiente en el desierto probara a cada miembro hasta lo más profundo de su ser.

Arco roto por Jorge Cocco

Los dos viajes de regreso a Jerusalén, la pérdida de su arco para cazar, la muerte de Ismael, las dificultades del embarazo y el nutrir a los pequeños niños, y la constante amenaza de deshidratación, el hambre y la fatiga a lo largo de aproximadamente 2000 millas de viaje es uno de los escenarios más difíciles en la tierra4—este y seguramente muchos viajes más, llevó a muchos miembros de su compañía a experimentar momentos de duda, disconformidad e incluso rebelión.5 Mientras que Nefi permaneció especialmente fiel, él —al igual que el mismo Salvador— sufrió junto con los demás.6 De hecho, con toda la violencia abusiva y los intentos de rebeliones, Nefi probablemente sufrió más de lo que le correspondía.

Al llegar al nuevo mundo, Nefi y aquellos que lo siguieron fueron advertidos por el Señor para que una vez más "huyese[n] al desierto" a causa del odio de Lamán y Lemuel (véase 2 Nefi 5:5). Siglos más tarde, Alma padre fue forzado a huir del rey Noé, predicó el evangelio en un área secreta del desierto, y luego guió a sus seguidores hacia el desierto cuando fueron descubiertos.7 Y al final del Libro de Mormón, los lectores aprenden acerca de los jareditas y su vida en el desierto desde "la gran torre" —el famoso símbolo de la Babilonia espiritual (Mosíah 28:17).8 Huir al desierto para escapar del mundo es claramente un tema consistente en muchas historias del Libro de Mormón.9

El porqué

En muchos sentidos, el desierto es un símbolo apropiado de la misma vida mortal. Como Adán y Eva, cada uno de nosotros escogió libremente entrar en este reino y aislarnos de las comodidades de nuestro hogar celestial. Aquellos espíritus que rechazaron el Plan de Salvación —tal vez, en parte, porque eran necesarias las penas mortales— sufrieron la muerte espiritual junto con su líder, Lucifer. 10 De manera similar, en muchas historias de éxodos en el desierto, aquellos que rechazaron huir o se quedaron atrás a menudo sufren la destrucción.11 Aunque el desierto de la mortalidad ofrece la posibilidad de la salvación y la vida eterna, también es un lugar de pruebas y dificultades, tal como lo fue el desierto judío para Jesús después de su ayuno de 40 días (véase Mateo 4:1-11).

Llegada a la tierra prometida por Jorge Cocco

En un ambiente desértico llegamos a ser vulnerables, aislados, dependientes del sustento divino y capaces de hacer sacrificios reales y significativos. Nibley explicó: "Fue el deambular en el desierto lo que pudo enseñar a las personas mejor que cualquier otra cosa lo que ellos más necesitaban aprender: el sentimiento de absoluta y completa dependencia de Dios en todo momento por todo lo que tenían y eran".12 Nefi, parecía entender esta verdad, intencionalmente utilizó las circunstancias de su familia para ayudar a los lectores a entender las "tiernas misericordias del Señor" (1 Nefi 1:20).13

La recuperación de las planchas de bronce de Labán, la milagrosa guía de la liahona hacia áreas de fertilidad y caza, el Señor haciendo que la carne cruda fuera sabrosa, la habilidad de las mujeres para soportar el viaje físicamente agotador mientras criaban a los hijos, y la maravillosa construcción de un barco —esta y otras bendiciones milagrosas difícilmente habrían sido necesarias, útiles o significativas sin sus correspondientes adversidades. El ambiente desértico proveía un fondo lúgubre de riesgos y peligros por medio de los cuales las tiernas misericordias del Señor pudieran brillar a través de todo su brillo contrastante.

De manera irónica, tan duro como a veces es, el desierto también es un lugar de refugio. Taylor Halverson ha señalado detalladamente: "No necesitamos rechazar las ciudades y la civilización para encontrar a Dios. Sin embargo, ¿qué tan seguido necesitamos física o simbólicamente separarnos nosotros mismos de las ciudades, de la civilización, para que la simplicidad del desierto o las montañas más altas (los templos son simbólicamente montañas) donde las distracciones de la civilización no impidan que nuestra esperanza tenga una libre comunicación con lo divino?"14

Tal como Dios puede transformar las incomodidades de ayunar en alegría y regocijo (véase DyC 59:13-14), Él puede transformar las condiciones difíciles del desierto en santuarios sagrados. Tal como Isaías lo profetizó: "Se alegrarán el desierto y el erial; y el yermo se regocijará y florecerá como la rosa" (Isaías 35:1). Seguramente, los primeros santos se habrían maravillado si hubieran podido ver cómo el desierto del valle de Lago Salado ha florecido, llegando a ser el centro de una vida sustentable de la civilización humana, así como también las oficinas centrales de una fe religiosa global. Y en su corazón, un magnífico templo del Señor.

El Libro de Mormón muestra de manera repetida cómo el desierto de la mortalidad ofrece un ambiente necesario para crecer y santificarse.15 Todos los que alegremente soportan las pruebas mortales sin murmurar, encontrarán que el Espíritu del Señor florecerá en sus corazones. Reconocerán, de una manera en que hubiera sido imposible de otra forma, cómo "las tiernas misericordias del Señor se extienden sobre todos aquellos que, a causa de su fe, él ha escogido" (1 Nefi 1:20).16 Y verán que el poder del Señor puede transformar cualquier desierto —incluso el mundo mismo— en una morada celestial de paz y felicidad (véase DyC 29: 23-24). 

Otras lecturas

Bruce J. Boehm, "Wanderers in the Promised Land: A Study of the Exodus Motif in the Book of Mormon and Holy Bible", Journal of Book of Mormon Studies 3, no. 1 (1994): 187–203.

Hugh Nibley, Approaching Zion, The Collected Works of Hugh Nibley, Volume 9 (Salt Lake City y Provo, UT: Deseret Book y FARMS, 1989), 25–59

Hugh Nibley, The Prophetic Book of Mormon, The Collected Works of Hugh Nibley, Volume 8 (Salt Lake City y Provo, UT: Deseret Book y FARMS, 1989), 289–327.

Hugh Nibley, An Approach to the Book of Mormon, The Collected Works of Hugh Nibley, Volume 6 (Salt Lake City y Provo, UT: Deseret Book y Neal A. Maxwell Institute for Religious Scholarship, 1988), 157–167.