¿Por qué Pahorán no permitiría que la ley fuera enmendada?

Julio 13, 2017
Poco después, Pahorán había sido nombrado juez principal
KnoWhy #159
Poco después, Pahorán había sido nombrado juez principal
"Pero he aquí, Pahorán no quiso modificar ni permitir que se modificara la ley; de modo que no atendió a los que habían expresado su parecer en un memorial con respecto a la modificación de la ley".
Alma 51:3

El Conocimiento

Poco después de que Pahorán fuera nombrado como juez superior (Alma 50:39-40), el Libro de Mormón informa que "empezó a surgir entre el pueblo una disensión... porque he aquí, parte del pueblo deseaba que se modificaran algunos puntos particulares de la ley" (Alma 51:2). Estos activistas políticos fueron llamados realistas porque deseaban que se "derribara el gobierno libre y se estableciera un rey sobre el país" (v. 5). 

Cuando "Pahorán no quiso modificar ni permitir que se modificara la ley" (Alma 51:3), los realistas "querían que Pahorán fuese destituido del asiento judicial" (v. 5). Por otro lado, los que apoyaban a Pahorán "tomaron sobre sí el nombre de hombres libres; y así hubo esta división entre ellos, porque los hombres libres habían jurado o hecho pacto de mantener sus derechos y los privilegios de su religión mediante un gobierno libre" (v. 6).

Mientras que las sociedades modernas suelen ver las leyes como productos provisionales de la creación humana, las civilizaciones antiguas a menudo las veían como decretos inmutables promulgados públicamente y enviados por gobernantes divinamente nombrados.1 Moisés, por ejemplo, recibió los Diez Mandamientos sobre "tablas de piedra escritas por el dedo de Dios" (Éxodo 31:18), las cuales a su vez fueron aceptadas pacíficamente por el pueblo.2

El hecho de que estas tablas divinamente grabadas debían ser transportadas y conmemoradas en un recipiente sagrado, conocido como el arca del convenio, solo selló su permanencia física y simbólica (véase Éxodo 25:10-16).3 Otras sociedades antiguas también escribieron sobre materiales no perecederos, como la piedra o el metal, con el propósito de establecer la durabilidad de las leyes, tratados o decretos.4

John W. Welch explicó: 

En consecuencia, en el mundo antiguo, la ley era mucho más que una cuestión de política pragmática o regulación económica. La ley era una expresión de la voluntad divina, de los ideales más elevados de una civilización, del orden necesario de vida y de la sustancia fundamental de la justicia y la realidad.5

Comprender que los pueblos antiguos típicamente sostenían sus leyes "en el más alto estima posible" puede ayudar a explicar por qué Pahorán y sus hombres libres estaban tan opuestos a los esfuerzos de los realistas para alterar la ley.6

Además, la ley antigua era típicamente percibida como un componente vinculante de una relación de convenio.7 La razón declarada para el apoyo de los hombres libres para retener su ley actual era que habían "jurado o hecho pacto de mantener sus derechos y los privilegios de su religión" (Alma 51:6). Esto probablemente se refiere más directamente a su convenio de defender el estandarte de la libertad de Moroni (Alma 46:19-21),8 pero también puede reflejar un compromiso anterior de apoyar las leyes y el gobierno establecido por Mosíah (Mosíah 29:37–39).9

El Porqué

Reconociendo que los estatutos legales en el mundo antiguo se consideraban permanentes, divinamente inspirados y relacionados con los convenios, pueden ayudar a los lectores a contextualizar mejor el faccionalismo político que se encuentra en Alma 51. Esta disputa era mucho más que una alteración sugerida de los pormenores legales. Más bien, la propuesta radical de los realistas para revertir el sistema de los jueces inspirado por el rey Mosíah habría invadido las normas políticas y religiosas fundamentales y las libertades. 

Desafortunadamente, el mundo moderno enfrenta amenazas similares a las libertades culturalmente cruciales y religiosamente sagradas. El élder D. Todd Christofferson concluyó:

Mis amigos y conciudadanos, vivimos tiempos difíciles. La libertad religiosa está de hecho bajo fuego. Y las cosas pueden empeorar antes de mejorar. Pero estos son nuestros tiempos. Este es nuestro momento para defender nuestras libertades fundamentales. Con valentía, convicción y civilidad... cada uno de nosotros puede hacer una profunda diferencia.10

En sus circunstancias peligrosas, y en el contexto de las leyes antiguas asociadas con los convenios religiosos, Moroni obtuvo el permiso legal del gobernador y la voz del pueblo "para obligar a aquellos disidentes" a cumplir con su obligación legal de "defender su país" (Alma 51:15). 11 Cuando esos disidentes "levanta[ron] sus armas de guerra para pelear contra los hombres de Moroni" (v. 18), muchos fueron asesinados, pero a los demás se les dio la opción de ceder "al estandarte de la libertad" (v. 20) o permanecer en prisión por mucho tiempo bajo amenaza de muerte hasta que finalmente hubiera tiempo para ser juzgados (v. 19). 

Afortunadamente, nuestras circunstancias modernas—aunque no requieren menos audacia—exigen civismo y paciencia más que fuerza o compulsión, y en la mayoría de los lugares del mundo tenemos los afortunados lujos de tiempo y recursos para poder respetar los derechos humanos y las protecciones constitucionales. Así, todas las personas son alentadas a "enseñar y defender la verdad eterna de la manera que desea el Padre Celestial al tiempo que también ejemplificamos el respeto, la compasión y el profundo amor que Cristo ejemplificó".12

Los Santos de los Últimos Días modernos y los patriotas de otras religiones consideran las leyes, derechos y deberes establecidos en la constituciones de sus países, así como muchas otras constituciones similarmente modeladas o gobiernos que permiten la libertad, divinamente inspirados y consonantes con la voluntad de Dios (véase DyC 101:76–80).13 Si bien los cambios legales pueden y deben ocurrir en todas las sociedades, esas modificaciones no se producen justificadamente por la desobediencia civil y el oportunismo político.  Por lo tanto, al igual que los hombres libres en la época de Pahorán, todas las personas que se benefician de esta manera están naturalmente obligadas a defender sus derechos y privilegios fundamentales siguiendo la guía de los líderes patrióticos para llevar a cabo la justa voluntad de la "voz del pueblo" (Alma 51:7).

Otras lecturas

John W. Welch, The Legal Cases in the Book of Mormon (Provo UT: BYU Press and Neal A. Maxwell Institute for Religious Scholarship, 2008), 3–18.

RoseAnn Benson and Stephen D. Ricks, “Treaties and Covenants: Ancient Near Eastern Legal Terminology in the Book of Mormon,” Journal of Book of Mormon Studies 14, no. 1 (2005): 48–61, 128–29.

John A. Tvedtnes, The Book of Mormon and Other Hidden Books: Out of Darkness Unto Light (Provo UT: FARMS, 2000).