¿Por qué Martin Harris consultó con eruditos como Charles Anthon?

Mayo 22, 2019
Martin Harris visitando a Charles Anthon a través de lds.org
KnoWhy #514
Martin Harris visitando a Charles Anthon a través de lds.org
"Toma estas palabras que no están selladas y entrégalas a otro, para que las muestre al instruido, diciendo: Te ruego que leas esto. Y el instruido dirá: Trae aquí el libro, y yo las leeré".
2 Nefi 27:15

El conocimiento

Después de cuatro años de preparación espiritual con el ángel Moroni, José Smith obtuvo las planchas de oro del Libro de Mormón en las primeras horas del 22 de septiembre de 1827 (JSH 1:59).1 Cuando recuperó las planchas, José enseguida se desconcertó por los caracteres que tenía. Aparentemente, él mismo no podía entenderlos. La madre de José recuerda que no mucho después de que obtuviera las planchas, "José comenzó a hacer los arreglos para lograr la traducción del registro". El primer paso "que se le instruyó que hiciera con respecto a este asunto", fue que hiciera una copia de algunos caracteres "y los mandara a algunos de los hombres más eruditos de esta generación y les pidiera una traducción".2

Por esta razón, José comenzó a copiar los caracteres de las planchas poco después de que las obtuvo "para encontrar a alguien más que él mismo que pudiera y estuviera dispuesto a traducirlas".3 Estos esfuerzos llevaron al famoso incidente entre Martin Harris y Charles Anthon como se menciona en la historia de José Smith (JSH 1:63–65).

Pero hay más en la historia de lo que se cuenta en el relato canonizado de José Smith en la Perla de Gran Precio. De hecho, se sabe que Martin Harris había consultado con otros académicos además de Charles Anthon. Aunque Anthon fue una pieza clave en este episodio, no fue el único.

Imagen del documento de los caracteres. Imagen a través de The Joseph Smith Papers

Cuando a Harris se le dio la transcripción de los caracteres de las planchas del Libro de Mormón preparadas por José Smith, él aparentemente no fue instruido "precisamente a qué lingüista tenía que ver" y por lo tanto "se le dejó que tomara esa decisión él mismo".4 Fuentes posteriores identifican a Luther Bradish, "un abogado, lingüista, diplomático y estadista", como el primer erudito contactado por Harris.5 Bradish, al igual que el mismo Harris, fue un ciudadano prominente en Palmyra, Nueva York (cuando Harris lo visitó en 1828 estaba viviendo en Albany). De hecho, las familias Harris y Bradish "se conocían bien entre ellas, y es razonable concluir que Harris y Luther habían cruzado caminos en varias ocasiones anteriores. En otras palabras, Bradish habría sido una primera parada amistosa para Harris en su viaje al este y alguien que podría indicarle a quién más ver".6

Hay una razón muy comprensible del por qué Harris habría querido mostrar a Bradish algunos de los caracteres del "egipcio reformado" de las planchas del Libro de Mormón (Mormón 9:32). Bradish había viajado extensamente en Egipto y el Medio Oriente entre los años 1819 a 1825. Durante sus viajes, Bradish llegó a conocer a "varios arqueólogos importantes... quienes estaban excavando y removieron todo tipo de tesoros egipcios y artefactos.... Durante su estadía en el Medio Oriente, Bradish llegó a conocer varios idiomas nativos de la región, por lo menos lo suficiente para sobrevivir y llegó a familiarizarse con los jeroglíficos egipcios".7

Los detalles sobre la visita de Harris con Bradish desafortunadamente no se conocen. En cualquier caso, después de visitar a Bradish, Harris se reunió con el erudito Samuel L. Mitchill.8 Mitchill, un naturalista erudito muy respetado, se interesó en los "estudios antropológicos y lingüísticos de las tribus locales indias"9 en el estado de Nueva York, con "jeroglíficos indios e ilustraciones de montículos indios... [siendo] sometido a su conocimiento crítico para opinar".10 Es probable que Harris haya consultado con Mitchill precisamente porque José Smith había sido llevado a descubrir un registro antiguo que "daba una relación de los antiguos habitantes de este continente, así como del origen de su procedencia".11

Mitchill habría tenido un interés extremo por tal registro. De acuerdo con una fuente contemporánea, durante la consulta de Harris con Mitchill "comparó [los caracteres] con los jeroglíficos descubiertos por Champollion en Egipto—y los definió como el idioma de un pueblo que existió en el este, pero que ya no existe".12

Martin Harris and Charles Anthon (Martin Harris y Charles Anthon ). Acuarela de Anthony Sweat

Mitchill, en cambio, recomendó que Harris visitara a Charles Anthon, un profesor del colegio de Columbia en la ciudad de Nueva York. Un brillante clasicista que hablaba griego, latín, alemán y francés con fluidez, Anthon recibió a Harris y aceptó examinar la transcripción de los caracteres preparados por José Smith. Es difícil saber qué dijo exactamente Anthon después de su examinación, ya que Harris y Anthon dejaron informes contradictorios sobre el incidente. Harris, por supuesto, recuerda que Anthon comentó la autenticidad de los caracteres, pero luego desestimó rápidamente el asunto al protestar que "no podría leer un libro sellado" cuando le informó que la fuente de los caracteres (las planchas de oro) no estaban disponibles para que lo examinaran eruditos porque "un ángel de Dios" lo había revelado.13

Anthon, por otro lado, negó en varias ocasiones haber respaldado la autenticidad de los caracteres y afirma haber advertido a Harris que estaba siendo engañado por un estafador.14 Un posible escenario que podría explicar este testimonio conflictivo es que Anthon inicialmente creyó que los caracteres pudieron haber sido auténticos y expresó interés en ellos, pero rápidamente se retractó después de que el Libro de Mormón fue impreso y su nombre llegó a estar asociado con el escándalo religioso nacional.15

Sin embargo, una cosa es muy clara. "Lo que sea que Harris haya obtenido de estos destacados eruditos, si él dejó Palmyra preguntando e indagando, regresó a casa apoyando y defendiendo la traducción del Libro de Mormón".16 No solo eso, él y José Smith vieron en la declaración ahora famosa de Anthon ("No puedo leer un libro sellado") como el cumplimiento de la profecía en Isaías 29:11–14. Como José Smith lo narró en su historia de 1832,

Procedimos a copiar algunos de [los caracteres] y él [Martin Harris] inició su viaje hacia las ciudades del este y a los sabios diciendo: "Lee este, te lo ruego". Y el erudito dijo: "No puedo. Pero si él pudiera traer las planchas, [yo] las leería". Pero el Señor lo ha prohibido y Él regresó a mí y me los dio para traducirlos. Y dije: "No puedo porque no soy instruido". Pero el Señor ha preparado unos anteojos para leer el libro. Por lo tanto, comencé a traducir los caracteres y así la profecía de Isaías se cumplió.17

El porqué

De izquierda a derecha: Charles Anthon, Luther Bradish, Samuel Mitchell

En una carta a W. W. Phelps, Oliver Cowdery indicó que en la primer noche de su aparición el 21 de septiembre de 1823, el ángel Moroni informó a José Smith que la profecía en Isaías 29:11–14 necesitaba cumplirse antes de que el Libro de Mormón pudiera traducirse, "puesto que es así que Dios ha determinado dejar a los hombres sin excusa".18 Los primeros miembros de la iglesia restaurada de Jesucristo de esta manera llegaron a comprender que la consulta de Martin Harris con los eruditos, particularmente con Charles Anthon, tuvo un significado portentoso para la obra de la restauración en los últimos días.19

Lo que Anthon pudo haber pensado acerca del Libro de Mormón, (tal vez involuntariamente) ayudó a cumplir la profecía en Isaías 29. Su respuesta despectiva a Harris pudo haber sido un intento de ser inteligente, pero sus palabras llegaron a inspirar a Harris y después a millones de creyentes alrededor del mundo a aceptar la autenticidad del Libro de Mormón.

Además de esto, la consulta de Harris con los eruditos, a petición de José Smith, revela el proceso de aprendizaje del profeta. Su habilidad para traducir el Libro de Mormón principalmente vino por el don y el poder de Dios, pero José aun así utilizó un medio "secundario" para ayudarse en sus esfuerzos. "Aunque generaciones de mormones vieron el resultado del viaje de Harris a la ciudad Nueva York ser el cumplimiento de la profecía y un catalizador de la traducción milagrosa de José Smith" observa el historiador Michael MacKay, "el ímpetu del viaje fue de naturaleza secular... [L]os caracteres sobre las planchas no fue solo el objeto de la traducción milagrosa de José Smith, algunos de los más destacados eruditos de lenguas antiguas" en ese tiempo las examinaron".20

José siguió este patrón a lo largo de su ministerio mientras estudiaba los idiomas bíblicos y los papiros egipcios asociados con la traducción del libro de Abraham.21 Las revelaciones nos dirigen para seguir el ejemplo del profeta al utilizar las herramientas de la erudición mientras buscamos descubrir y entender las verdades divinas (DyC 88:118). Tal como lo enseñó el presidente Russell M. Nelson, "la buena inspiración se basa en la buena información".22

Por medio de este proceso José ganó confianza y aprendió a proceder de manera independiente. Los caracteres que preparó para Martin Harris fueron mostrados a las personas más instruidas de sus días y, sin embargo, ninguno de ellos pudo hacer mucho más que ofrecer una especulación acerca de su antigüedad y naturaleza. Esto demostró a José que él no podía confiar solamente en la palabra de un consenso de eruditos.23 Dado que el conocimiento secular siempre está desarrollándose con nuevos descubrimientos y la articulación de nuevos paradigmas teóricos, la erudición siempre tendrá sus límites. Tal como Jacob lo enseñó hace siglos: "Pero bueno es ser instruido, si hacen caso de los consejos de Dios" (2 Nefi 9:29).

La consulta con los eruditos también sirvió para dar confianza a Martin Harris. Aunque las reacciones de estos hombres eruditos fueron diferentes, Harris quedó lo suficientemente satisfecho con sus respuestas para más adelante ayudar con la traducción y publicación del Libro de Mormón. Él ayudó a escribir, a financiar y ser testigo del Libro de Mormón, todo con un gran sacrificio personal.24

Además de asumir la carga financiera para imprimir el Libro de Mormón, de la cual nunca se recuperó completamente, la excelente reputación de Martin sufrió como resultado de su indebatible fe en José Smith después de su viaje con Mitchill y Anthon en la ciudad de Nueva York. Su familia y amigos fueron "generalmente repugnados por su entusiasmo hacia un hombre joven cuyas supuestas visiones molestaron a la gran mayoría de la comunidad de Palmyra. Sus amigos le advirtieron que cesara de respaldar la organización de José. Cuando Martin se negó, lo declararon engañado, si no es que perturbado. Sin embargo, él continuó al lado de José Smith y arriesgó aún más a su ya lastimada reputación", 25 sabiendo en su corazón y en su mente la veracidad de la obra en la que estaba comprometido.

 

Este KnoWhy fue posible gracias a la generosa contribución de Thomas W. Sederberg.

Otras lecturas

Susan Easton Black y Larry C. Porter, Martin Harris: Uncompromising Witness of the Book of Mormon (Provo, UT: BYU Studies, 2018), 88–101.

Richard E. Bennett, "Martin Harris’s 1828 Visit to Luther Bradish, Charles Anthon, and Samuel Mitchill", en The Coming Forth of the Book of Mormon: A Marvelous Work and a Wonder, ed. Dennis L. Largey et al. (Salt Lake City y Provo, UT: Deseret Book y Religious Studies Center, Brigham Young University, 2015), 103–115.

Richard E. Bennett, "‘A Very Particular Friend’—Luther Bradish", en Approaching Antiquity: Joseph Smith and the Ancient World, editado por Lincoln H. Blumell, Matthew J. Grey y Andrew H. Hedges (Provo, UT: Religious Studies Center; Salt Lake City: Deseret Book, 2015), 63–82.

Michael Hubbard MacKay, "‘Git Them Translated’: Translating the Characters on the Gold Plates", en Approaching Antiquity: Joseph Smith and the Ancient World, editado por Lincoln H. Blumell, Matthew J. Grey y Andrew H. Hedges (Provo, UT: Religious Studies Center; Salt Lake City: Deseret Book, 2015), 83–116.

Richard E. Bennett, "‘Read This I Pray Thee’: Martin Harris and the Three Wise Men of the East", Journal of Mormon History 36, no. 1 (invierno del 2010): 178–216.