¿Por qué la ciudad de Ammoníah fue destruida y desolada?

Mayo 31, 2017
El Fin del Mundo, por John Martin
KnoWhy #123
El Fin del Mundo, por John Martin
“Y así terminó el año undécimo de los jueces… el pueblo de Ammoníah había sido destruido; sí, toda alma viviente de los ammoniahitas había sido destruida, y también su gran ciudad, la cual decían que Dios no podía destruir a causa de su grandeza. Mas he aquí que en un solo día quedó desolada; y los perros y las bestias feroces del desierto destrozaron los cadáveres"
Alma 16:9–11

El conocimiento

La antigua ley israelita tenía un estatuto específico en casos de ciudades apóstatas. La detallada ley, como se encuentra en Deuteronomio 13:12–18, requería que se hiciera una investigación para determinar si la ciudad había realmente llegado a la apostasía, si fuera así, requería que se destruyera “a filo de espada” (v. 15), estando todas las personas y el ganado muertos, la ciudad quemada llegaría a ser "un montón de ruinas para siempre; nunca más se edificará” (v. 16). Según Richard H. Hiers: "La Biblia no informa de ninguna ciudad israelita, o su pueblo ni su ganado que fueran realmente destruidos de acuerdo con esta ley".1 Mientras la Biblia tal vez no, el Libro de Mormón probablemente sí lo hace. 

En el libro de Alma, la destrucción de Ammoníah llega de la nada—"en el año undécimo del gobierno de los jueces... el día cinco del segundo mes", en medio de "mucha paz en la tierra de Zarahemla" y "no había habido guerras ni contenciones por determinado número de años" (Alma 16:1). Luego, de repente, "los ejércitos de los lamanitas habían pasado las fronteras del país, por el lado del desierto, sí, hasta la ciudad de Ammoníah, y empezaron a matar a la gente y a destruir la ciudad” (v. 2).

La destrucción causada en Ammoníah fue exhaustiva y completa. Las personas de la ciudad “había[n] sido destruid[as]; sí, toda alma viviente de los ammoniahitas había sido destruida, y también su gran ciudad” (Alma 16:9). En un solo día, la ciudad “quedó desolada; y los perros y las bestias feroces del desierto destrozaron los cadáveres” y “se amontonaron sus cadáveres sobre la faz de la tierra, y los cubrieron superficialmente” (vv. 10-11). A raíz de la destrucción, “por muchos años la gente no fue a tomar posesión de la tierra de Ammoníah” y fue llamada la “Desolación de los Nehores” (v. 11).

No es hasta después que los lectores aprenden acerca del por qué los lamanitas atacaron la ciudad por venganza a los nefitas (Alma 25:1-2). En su lugar, este relato con el registro del viaje misional de Alma a Ammoníah (Alma 8:6–13), la predicación de Alma y Amulek al pueblo (Alma 9–13), y una detallada descripción de los actos abominables del pueblo (Alma 14). Tal vez esto fue deliberado por parte de Mormón de dirigir la atención del lector en lo que él vio como la causa principal de su destrucción y desolación: el cumplimiento de la ley de las ciudades apóstatas.2

La ley exigía que se investigara la situación; que se “inquir[iera], y buscar[a] y preguntar[a] con diligencia” si la ciudad verdaderamente era apóstata (Deuteronomio 13:14). Como sumo sacerdote, la responsabilidad recaía naturalmente sobre Alma para investigar, y mientras allí el Señor usó a Amulek como el segundo testigo necesario (Deuteronomio 17:6) para condenar la ciudad.3

Alma les declaró que eran un “pueblo perdido y caído” (Alma 9:30,32), y por lo tanto "de esta manera los identificó como un pueblo apóstata bajo Deuteronomio 13, sujetándoles al mandato de aniquilación".4 Él específicamente mencionó Deuteronomio 13:15 cuando profetizó que el Señor los “destruirá completamente de sobre la superficie de la tierra” (Alma 9:12; cf. v. 24, énfasis añadido). Amulek también declaró que el Señor los visitaría “con una destrucción completa… por el hambre, por pestilencia y por la espada” (Alma 10:22, énfasis añadido).

Realizar la aniquilación requería que alguien con la autoridad política ejerciera la fuerza militar,5 pero como ha señalado John W. Welch, Alma había renunciado recientemente al asiento judicial.6 Los lamanitas por lo tanto cumplieron la función profética, que serían "por azote” a los nefitas (1 Nefi 2:24; cf. Alma 9:19), cumpliendo la completa destrucción y desolación de la ciudad y su pueblo. El relato de Ammoníah documenta la apropiada y completa adhesión a los procesos legales detallados en Deuteronomio 13:12-18.7

Deuteronomio 13:12–18 Alma 9–16
Hombres, hijos impíos, han salido de ti Nehoritas se habían salido de Zarahemla (Alma 1:15; 15:15)
Descarriar a los moradores de su ciudad Habían descarriado a la ciudad del liderazgo nefita (Alma 9:6,14)
Servir a otros dioses Dejaron a su Dios (Alma 11:24)
Hijos impíos (perversos) Satanás tenía gran dominio (Alma 8:9; 9:28; 11:21)
Inquirir y buscar diligentemente Alma los visitó personalmente (Alma 8:8)
Herir a filo de espada a los moradores Todos fueron muertos (Alma 16:9; 25:2)
Destruir todo lo que hay en ella Todos fueron destruidos (Alma 16:9-10)
Dejar a la ciudad en ruinas para siempre Cuerpos amontonados (Alma 16:11)
Abominaciones Desolación de los Nehores (Alma 16:11)

El porqué

Reconocer la forma en que esta historia trágica se ajusta a la ley de las ciudades apóstatas es evidencia de que tanto Alma como Mormón estaban familiarizados con las disposiciones legales que esta sección en la ley de Moisés requería. Ammoníah fue destruida en cumplimiento de la ley israelita que gobierna las tierras de la promesa. Al observar la ley de Moisés estrictamente (Alma 30:3), Alma parece haber actuado conscientemente de acuerdo a cada uno de los requisitos, y entonces Mormón arregló su compendio para enfatizar el cumplimiento completo de esta ley. En este caso ambos enlazan el texto al antiguo mundo e indica la sofisticación técnica y legal por parte de los autores.  

Entender este antecedente también revela el brazo fuerte de la justicia del Señor. Los pueblos inicuos y la ley de las ciudades apóstatas proveen la justificación teológica para la destrucción de Ammoníah. La estructura narrativa refuerza las razones teológicas para el evento al establecer justo después de los esfuerzos misionales de Alma y Amulek en Alma 9-10, reteniendo las razones de los lamanitas para el ataque hasta más tarde (véase Alma 25:1-2). 

Sin embargo, la misericordia del Señor también está presente en la narrativa. Alma tenía todo lo que necesitaba para condenar a la ciudad como apóstata después de su primera visita (Alma 8:8-13). Sin embargo, el Señor insistió que Alma regresara (Alma 8:14-17), que un segundo testigo fuera llamado (Alma 10:10,12), y que una advertencia completa de la destrucción inminente fuera dada al pueblo (Alma 9:12,24-25, 13:21-30). El Señor podía ver el ataque que venía de la tierra de Nefi (Alma 25:2), pero la gente en Ammoníah no podía. El Señor había salvado a la gente debido a las plegarias de los pocos justos entre ellos (Alma 10:22-23). Todo esto es una indicación de la misericordia y paciencia del Señor con esta ciudad apóstata e inicua.  

La predicación de Alma y Amulek resultó en algunos que fueron convertidos (Alma 14:1), no hay duda que hubo gran regocijo para el Señor al ver que sus esfuerzos dieron frutos (véase DyC 18:10–16). Mientras eran convertidos, Zeezrom y otros hombres fueron expulsados (Alma 14:7), y terminaron en Sidom (Alma 15:1). Aunque muchos otros—mujeres y niños—sufrieron trágicamente el martirio (Alma 14:8-11),8 estos pocos conversos fueron al último preservados del destino de Ammoníah, otra indicación de la misericordia del Señor.  

Los cautivos llevados por los lamanitas al desierto fuera de Ammoníah también fueron todos recuperados por los líderes militares quienes buscaron y atendían la guía reveladora de Alma (Alma 16:3-8), otra indicación de la misericordia del Señor. Parece que Stephen D. Ricks estaba en lo correcto cuando señaló que “la implicación de la historia parece clara. Mientras aquellos que persiguen a los justos (como lo había hecho el pueblo de Ammoníah) sufrirían, aquellos que buscan el consejo de los profetas serán bendecidos y protegidos”. 9

Otras lecturas

John W. Welch, The Legal Cases in the Book of Mormon (Provo, UT: BYU Press and Neal A. Maxwell Institute for Religious Scholarship, 2008), 238–271.

John W. Welch, “A Steady Stream of Significant Recognitions,” in Echoes and Evidences of the Book of Mormon, ed. Donald W. Parry, Daniel C. Peterson, and John W. Welch (Provo, UT: FARMS, 2002), 369–372.

Stephen D. Ricks, “‘Holy War’: The Sacral Ideology of War in the Book of Mormon and in the Ancient Near East,” in Warfare in the Book of Mormon, ed. Stephen Ricks and William Hamblin (Salt Lake City and Provo, UT: Deseret Book and FARMS, 1990), 110–114.

 

  • 1. Richard H. Hiers, “Reverence for Life and Environment Ethics in Biblical Law and Covenant,” Journal of Law and Religion 13 (1996–1998): 167. También, Paul-Eugene Dion, “Deuteronomio 13: The Suppression of Alien Religious Propaganda in Israel during the Late Monarchical Era,” in Law and Ideology in Monarchic Israel, ed. Baruch Halpern and Deborah W. Hobson (Sheffield, Eng.: Sheffield Academic Press, 1991), 147–216: “No hay evidencia que la comunidad judía haya sido capaz y dispuesta a tomar alguna acción comparable al hērem de Deut. 13:13–18 hasta el tiempo de los Macabeos” (p. 195). Más adelante en el mismo documento: “Es verdad que ningún ejemplo histórico ha sido preservado de los horrores de la ley 3 cumpliéndose derribando cualquier ciudad israelita” (p. 205).
  • 2. Véase John W. Welch, “The Destruction of Ammonihah and the Law of Apostate Cities,” in Reexploring the Book of Mormon: A Decade of New Research, ed. John W. Welch (Salt Lake City and Provo, UT: Deseret Book and FARMS, 1992), 176–179; John W. Welch, “Law and War in the Book of Mormon,” in Warfare in the Book of Mormon, ed. Stephen Ricks and William Hamblin (Salt Lake City and Provo, UT: Deseret Book and FARMS., 1990), 91–95; John W. Welch, “A Steady Stream of Significant Recognitions,” in Echoes and Evidences of the Book of Mormon, ed. Donald W. Parry, Daniel C. Peterson, and John W. Welch (Provo, UT: FARMS, 2002), 369–372. También hay material relevante disperso a lo largo del capítulo sobre el juicio de Alma y Amulek en John W. Welch, The Legal Cases in the Book of Mormon (Provo, UT: BYU Press and Neal A. Maxwell Institute for Religious Scholarship, 2008), 238–271, véase esp. pp. 245 y 269.
  • 3. Deuteronomio 13, no requiere por sí misma a testigos legales, pero Dion, "Deuteronomio 13", 194 señala que ciertos pasajes en el capítulo "ciertamente implican la intervención de un proceso judicial", y, "a la luz de algo más explícito [Deuteronomio] 17.7, se puede ver que [Deuteronomio] 13.10 refleja que el proceso requiere testigos para demostrar la firmeza de su testimonio teniendo una función principal en la misma ejecución". Por lo tanto, se deduce que la ley de los testigos se aplicara a la condenación de la ciudad apóstata.
  • 4. Welch, Legal Cases, 245.
  • 5. Deuteronomio 13,” 194–195: “Se entiende que, si la tercera ley de Deuteronomio 13 fue destinada a ser aplicada, el mismo rey debería ser el juez. Una sentencia que implicaba destruir toda una ciudad era más que un juicio ordinario; era una decisión política importante, y su implementación presupone un control completo sobre el ejército.
  • 6. Welch, Legal Cases, 245: “Por supuesto, Alma no dirigía a los ejércitos de los nefitas, y por lo tanto, no tenía el poder militar a su disposición para llevar a cabo la destrucción de una ciudad apóstata por sus propios medios físicos, pero a su debido tiempo Dios llevó el azote de la guerra sobre la ciudad de Ammoníah en las manos del ejército invasor lamanita que podría "matar a la gente y a destruir la ciudad" totalmente, matando "toda alma viviente" (Alma 16:2,9)".
  • 7. Tabla adaptada de John W. Welch and J. Gregory Welch, Charting the Book of Mormon: Visual Aids for Personal Study and Teaching (Provo, UT: FARMS, 1999), chart 126. Véase también Welch, Legal Cases, 269.
  • 8. Note que los que sufrieron la muerte serían "un testimonio en... contra" del pueblo de Ammoníah (Alma 14:11). Sobre el significado de mártir como "testigo", véase Book of Mormon Central en Español", “¿Qué significa ser un mártir? (Éter 12:37, 39)”, KnoWhy 1 (24 de noviembre, 2016).
  • 9. Stephen D. Ricks, “‘Holy War’: The Sacral Ideology of War in the Book of Mormon and in the Ancient Near East,” in Warfare in the Book of Mormon, 113–114.