¿Por qué dijo Jesús que había "otras ovejas" que escucharán su voz?

Septiembre 18, 2017
El Buen Pastor, vía lds.org
KnoWhy #207
El Buen Pastor, vía lds.org
"Y de cierto os digo que vosotros sois aquellos de quienes dije: Tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo yo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor".
3 Nefi 15:21; cf. Juan 10:16

El conocimiento

Durante Su ministerio mortal en Palestina, Jesús enseñó a sus discípulos: "También tengo otras ovejas que no son de este redil" (Juan 10:16). Cuando visitó a los nefitas, les dijo que ellos estaban entre las "otras ovejas" que deberían ser traídas al redil (3 Nefi 15:21). Los nefitas eran de hecho parte de algunas de las tribus que estaban "perdidas". Por lo que las "otras ovejas" se refería a ellos, entre otros.1 Sin embargo, los pueblos de la antigua Judea no le entendieron "porque pensaron que eran los gentiles; porque no entendieron que, por medio de su predicación, los gentiles se convertirían" (3 Nefi 15:22).

Los eruditos están divididos en lo que Juan 10:16 significa en realidad, por lo que esta es una ocasión cuando el Libro de Mormón puede ayudar a los lectores a entender el Nuevo Testamento, en lugar de que sea a la inversa.2 Cuando uno lee los evangelios a la luz de 3 Nefi 15, se puede ver un tema que se pasa por alto a través de ellos. En realidad, los evangelios hablan del recogimiento de todo Israel, incluyendo las "diez tribus perdidas" del norte de las cuales los nefitas y lamanitas formaban parte.3 Este enfoque subestimado de traer a las tribus perdidas al cristianismo ayuda a explicar los comentarios de Jesús en Juan y 3 Nefi.4

Un evento que sucedió poco después del nacimiento de Jesús es un buen ejemplo de esto. Cuando José y María llevaron a Jesús al templo para que fuera circuncidado, se encontraron con una anciana llamada Ana quien pasaba la mayor parte de su tiempo en el templo. Cuando vio a Jesús ella "daba gracias al Señor y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén" (Lucas 2:38). En este tiempo, la palabra "redención" a veces se refería al recogimiento de Israel.5 Ana era de Aser, una de las tribus del norte, y su nombre y el nombre de su padre se asociaron con las personas de las diez tribus tomadas cautivas por los asirios. Por lo que es probable que ella se estaba refiriendo al recogimiento de todo Israel, incluyendo las diez tribus.6

También es significativo notar que Jesús comenzó su predicación en Galilea (Marcos 1:14), el territorio tradicional asociado con las diez tribus en el reino del norte de Israel. Luego tomó una ruta sinuosa hacia el sur, reuniendo a seguidores del territorio de las diez tribus y trayéndolos a Jerusalén. Uno puede ver esto como un recogimiento simbólico de las tribus del norte de regreso a Jerusalén.7 De manera similar, reunió a sus primeros seguidores y les dijo que ellos iban a ser "pescadores de hombres" (Marcos 1:17). Esto es probablemente una alusión a Jeremías 16:15-16, que discute el recogimiento de todo Israel, incluyendo las diez tribus perdidas, de los lugares a los cuales habían sido esparcidos. 

Después, Jesús se rodeó con doce seguidores clave, los cuales pueden ser vistos como representando una reconstitución simbólica de las doce tribus de Israel.8 Incluso les dijo que ellos se "sentar[án] también sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel" (Mateo 19:28).9

Finalmente, la conexión entre las "tribus perdidas" y "las ovejas perdidas" en el ministerio de Jesús se puede ver a través de todas sus palabras. Una vez, cuando una mujer gentil estaba pidiendo ayuda a Jesús, Él se negó al principio diciendo que fue "enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mateo 15:24).10 Después ayudó a la mujer de todas maneras, pero este comentario es revelador. Indica que, para Jesús, las "ovejas" que necesitan reunirse no eran los gentiles, sino las personas de "la casa de Israel".11 Por lo que, la idea de que las "otras ovejas" eran del norte de Israel como los nefitas se respalda significativamente por los evangelios.

El porqué

Algunos lectores del Libro de Mormón pudieran pensar que Dios los ha olvidado y que están completamente solos. El Nuevo Testamento, cuando se lee acompañado del Libro de Mormón, es un poderoso testigo de que Dios no se olvida de sus hijos. Los pueblos del reino del norte de Israel fueron esparcidos a lo largo del imperio Asirio en el año 721 a. C., y estaban básicamente perdidos para la historia.12 Sin embargo, 750 años después, Cristo aún se preocupaba por ellos, y trabajó activamente para reunirlos en el evangelio. Sus propias palabras lo dicen mejor: "Pero ahora voy al Padre, y también voy a mostrarme a las tribus perdidas de Israel, porque no están perdidas para el Padre, pues él sabe a dónde las ha llevado" (3 Nefi 17:4, cursivas añadidas).

El cuidado personal de Cristo por el remanente esparcido de Israel en todo el mundo da significado adicional a Isaías 49:15, "¿Acaso se olvidará la mujer de su niño de pecho y dejará de compadecerse del hijo de su vientre? Pues, aunque se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti" (Isaías 49:15). El Libro de Mormón recuerda a los lectores un hecho importante: Si Dios no olvida al remanente esparcido de Israel después de muchos años, Él seguramente no olvidará a ninguno de sus hijos, no importa lo alejados que ellos se sientan de Él. 

El presidente Dieter F. Uchtdorf declaró que "como apóstol de nuestro Maestro Jesucristo, proclamo con toda la certeza y la convicción de mi corazón... dondequiera que estén, sea cual sea su situación, ustedes no han sido olvidad[o]s". Con 3 Nefi, el presidente Uchtdorf declaró: "No importa cuán oscuros parezcan sus días, no importa cuán insignificantes se sientan, no importa cuán relegad[o]s crean que estén, su Padre Celestial no [los] ha olvidado. De hecho, Él [les] ama con un amor infinito".13 Las escrituras recuerdan a todos los que las lean que tal como Jesucristo recordó a sus "otras ovejas", Él recordará a todos sus hijos, aún ahora y para siempre. 

Otras lecturas

Jeffrey R. Holland, Christ and the New Covenant (Salt Lake City, UT: Deseret Book, 2002), 273–276.

Joseph Fielding McConkie, “The Doctrine of a Covenant People,” in The Book of Mormon: 3 Nephi 9 Through 30, This is My Gospel, ed. Monte S. Nyman and Charles D. Tate, Jr. (Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1993), 169–171.

Robert J. Matthews, “Christ’s Authority, His Other Sheep, and the Redemption of Israel (3 Nephi 15–16),” in The Book of Mormon, Part 2: Alma 30 to Moroni, Studies in Scripture, Volume 8, ed. Kent P. Jackson (Salt Lake City, UT: Deseret Book, 1987), 161–171.

 

  • 1. 1 Nefi 5:14 declara que Lehi era descendiente de José y las tribus de Efraín y Manasés, las tribus que provienen de José, que eran algunas de las tribus del norte que estaban "perdidas".
  • 2. El experto en el Nuevo Testamento Raymond Brown, por ejemplo, dio dos opiniones diferentes acerca de lo que este versículo significa. En un punto, él dijo que esto representa la misión de los gentiles, pero más tarde dijo que en realidad se relacionaba con otros grupos de cristianos. Los gentiles son ligeramente la interpretación más común, pero no la universal. Véase Raymond E. Brown, The Gospel According to John I–XII: A New Translation with Introduction, and Commentary, Anchor Bible 29 (Garden City, NY; Doubleday, 1966), 396; Raymond E. Brown, “‘Other Sheep Not of This Fold’: The Johannine Perspective on Christian Diversity in the Late First Century,” Journal of Biblical Literature 97 (1978): 5–22; Andreas J. Köstenberger, “Jesus the Good Shepherd Who Will Also Bring Other Sheep (John 10:16): The Old Testament Background of a Familiar Metaphor,” Bulletin for Biblical Research 12.1 (2002): 69–70.
  • 3. Para un resumen excelente sobre este tema, véase James M. Scott, “Exile and Restoration,” Dictionary of Jesus and the Gospels, ed. Joel B. Green, Jeannine K. Brown, and Nicolas Perrin (Downer’s Grove, IL: InterVarsity Press, 2013), 251–258.
  • 4. Scott, “Exile and Restoration,” 252.
  • 5. Richard Bauckham, “Anna of the Tribe of Asher [Luke 2:36–37],” in Gospel Women: Studies in Named Women in the Gospels, ed. Richard Bauckham (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2002): 77–107.
  • 6. Richard Bauckham, “Tobit as a Parable for the Exiles of Northern Israel,” in Studies in the Book of Tobit: A Multidisciplinary Approach, ed. M. Bredin (LSTS 55; London, UK: T & T Clark, 2006) 140–164.
  • 7. S. Freyne, “The Geography of Restoration: Galilee-Jerusalem Relations in Early Jewish and Christian Experience,” in Restoration: Old Testament, Jewish, and Christian Perspectives, ed. J.M. Scott (JSJSup 72; Leiden: E. J. Brill, 2001), 405–433.
  • 8. Ed Parish Sanders, Jesus and Judaism (Philadelphia, PA: Fortress, 1985), 95–106.
  • 9. William Horbury, “The Twelve and the Phylarchs,” New Testament Studies 32 (1986): 503–527.
  • 10. Estas palabras probablemente son del mismo Jesús, y solamente fueron aplicadas después a los gentiles por otros. Véase Raymond E. Brown, The Gospel According to John I–XII: A New Translation with Introduction, and Commentary, Anchor Bible 29 (Garden City, NY; Doubleday, 1966), 396–397.
  • 11. Douglas S. McComiskey, “Exile and Restoration from Exile in the Scriptural Quotations and Allusions of Jesus,” Journal of the Evangelical Theological Society 53/4 (2010): 673–696.
  • 12. Edward F. Campbell Jr., “A Land Divided: Judah and Israel from the Death of Solomon to the Fall of Samaria,” in The Oxford History of the Biblical World, ed. Michael D. Coogan (New York, NY: Oxford University Press, 1998), 239.
  • 13. Dieter F. Uchtdorf, “No me olvides,” Ensign, octubre 2011, 120, en línea en lds.org.