¿Cuándo habla por primera vez el Libro de Mormón sobre el Plan de Salvación?

Febrero 10, 2017
Cristo, por Bertel Thorvaldsen
KnoWhy #33
Cristo, por Bertel Thorvaldsen
"Porque así como la muerte ha pasado sobre todos los hombres, para cumplir el misericordioso designio del gran Creador, también es menester que haya un poder de resurrección, y la resurrección debe venir al hombre por motivo de la caída; y la caída vino a causa de la transgresión; y por haber caído el hombre, fue desterrado de la presencia del Señor".
2 Nefi 9:6

El conocimiento

El Antiguo y el Nuevo Testamento no hacen ninguna mención del Plan de Salvación, y no hay ninguna descripción detallada de este plan en cualquier parte de la Biblia. De hecho, la palabra "plan" nunca aparece en la Biblia Reina Valera. El término es similar a una frase en el texto griego de Hechos 2:23: "consejo y presciencia de Dios".

El Libro de Mormón, sin embargo, contiene varios contornos detallados del plan eterno y funcional del Padre. Por ejemplo, el plan frecuentemente aparece en el libro de Alma. Alma hijo enseñó de un "plan de redención" a Zeezrom (véase Alma 12). Ammón presentó este "plan" al rey Lamoni (Alma 18:39) y Aarón enseño el "plan de redención" al padre de Lamoni (Alma 22:13).

Más adelante, Amulek el compañero de Alma, explicó "el gran plan del Dios Eterno" a los Zoramitas (Alma 34:9), y Alma testificó del "plan" a su hijo Coriantón (mencionando la palabra "plan" diez veces en Alma 39-42).1

Mientras Alma, el sumo sacerdote de Zarahemla, habló mucho de la doctrina del plan, y no era el primer sacerdote nefita en hacerlo. La primera explicación explícita del plan fue hecha mucho antes por Jacob, el hermano menor de Nefi y el primer sacerdote del templo de la ciudad de Nefi. Jacob lo llama "el misericordioso designio del gran Creador" y "el plan de nuestro Dios" (2 Nefi 9:6,13).

Tal como Jacob lo describió, el plan regresa al principio, centrándose alrededor del "gran Creador" quien se dejaría "someter al hombre en la carne y [morir] por todos los hombres, a fin de que todos los hombres queden sujetos a él" (2 Nefi 9:5). Esta sería "una expiación infinita, pues a menos que fuera una expiación infinita, esta corrupción no podría revestirse de incorrupción" (2 Nefi 9:7).

Jacob explicó que esta expiación es necesaria, porque "la muerte ha pasado sobre todos los hombres" y por lo tanto "también es menester que haya un poder de resurrección". Este estado mortal vino "por motivo de la caída" (2 Nefi 9:6).

Sin la expiación, el efecto de la caída "habría tenido que permanecer infinitamente" lo que significa que "esta carne tendría que descender para pudrirse y... no levantarse jamás" (2 Nefi 9:7). Jacob más adelante explica que sin un medio de redención "nuestros espíritus tendrían que estar sujetos a ese ángel que cayó de la presencia del Dios Eterno, y se convirtió en el diablo" o en otras palabras, sin la expiación nosotros llegaríamos a ser como aquel ángel caído (2 Nefi 9:8-9).

Pero el misericordioso plan de Dios de salvación, redención y felicidad provee "un medio para que escapemos de las garras de este terrible monstruo; sí, ese monstruo, muerte e infierno" (2 Nefi 9:10). Ese escape es a través de la expiación, que obliga a la muerte e infierno a "entreg[ar] sus muertos... por el poder de la resurrección del Santo de Israel" (2 Nefi 9:12).

Después de esto, "deben comparecer ante el tribunal del Santo de Israel; y entonces viene el juicio, y luego deben ser juzgados según el santo juicio de Dios" (2 Nefi 9:15).

Cuando Jacob concluyó la parte de su discurso sobre el convenio, él explicó que en el juicio "aquellos que son justos serán justos todavía y los que son inmundos serán inmundos todavía". Los inmundos "irán al fuego eterno, preparado para ellos" (2 Nefi 9:16). Mientras que "los justos, los santos del Santo de Israel, aquellos que han creído en el Santo de Israel, quienes han soportado las cruces del mundo y menospreciado la vergüenza de ello, estos heredarán el reino de Dios que fue preparado para ellos desde la fundación del mundo, y su gozo será completo para siempre" (2 Nefi 9:18).

Si vemos de donde Jacob pudo haber aprendido el plan Buscando una generación antes, parece que su resumen inspirado provino por la influencia de las instrucciones de su padre (2 Nefi 2). Aunque Lehi nuca lo llamó "plan", él enseñó esas mismas doctrinas en su bendición final a Jacob. En esa bendición de padre, Lehi enseñó que "la vía está preparada desde la caída del hombre, y la salvación es gratuita" (2 Nefi 2:4). Él explicó la expiación, que el Santo Mesías "se ofrece a sí mismo en sacrificio por el pecado" y "da su vida, según la carne, y la vuelve a tomar por el poder del Espíritu, para efectuar la resurrección de los muertos, siendo el primero que ha de resucitar" (2 Nefi 2:7-8).

Lehi explicó, además, el juicio venidero, teniendo en cuenta que después de la resurrección "todos los hombres vienen a Dios; de modo que comparecen ante su presencia para que él los juzgue de acuerdo con la verdad y santidad que hay en él" (2 Nefi 2:10). Lehi enseñó que en última instancia hay dos resultados: "la libertad y la vida eterna, por medio del gran Mediador de todos los hombres, o escoger la cautividad y la muerte, según la cautividad y el poder del diablo" (2 Nefi 2:27).

Lehi también es el primero que enseñó a Jacob "que un ángel de Dios había caído del cielo, según lo que está escrito; por tanto, se convirtió en un diablo, habiendo procurado lo malo ante Dios" (2 Nefi 2:17), y que "él busca que todos los hombres sean miserables como él" (2 Nefi 2:27). Estas y otras, son las mismas doctrinas enseñadas por Jacob como "el misericordioso designio del gran Creador" (2 Nefi 9:6).

Aunque enseñaron las mismas doctrinas, Lehi se enfocaba más en la caída, oposición y la libertad otorgada a todos para escoger entre lo bueno y lo malo. Jacob, mientras tanto, puso más énfasis en la expiación, resurrección y el resultado eterno de escoger entre la justicia o la misericordia. Alma, reflexionando las necesidades de sus tiempos, enfatizó el arrepentimiento, la redención, justicia y misericordia y el resultado de la felicidad que los justos disfrutarían en el descanso del Señor.

El porqué

Es instructivo comparar las enseñanzas de Lehi, Jacob, Alma y otros líderes nefitas. Nosotros aprendemos que, aunque Jacob fue el primero en usar la palabra plan para describir la relación entre la creación, caída y la expiación, él no fue el primero en comprender esa relación.

Para comprender esta interrelación, Lehi tuvo que recibir revelación, especialmente cuando fue admitido al concilio celestial y se le permitió leer el libro sagrado estableciendo el plan, juicios y la misericordia de Dios (1 Nefi 1:8-19). Jacob pasó este conocimiento sagrado así como su padre Lehi lo había bendecido (véase 2 Nefi 2:8).

La doctrina del gran plan pudo haber sido especialmente importante para Jacob. Estas enseñanzas fueron el testamento final que él personalmente recibió antes de que su padre muriera.2 Jacob pudo haber sido relativamente joven cuando murió su padre, y por esta razón pudo haber atesorado estas preciosas enseñanzas y fue muy cuidadoso de compartirlas a su pueblo.

Además, la conciencia y representación del plan también están relacionadas con el templo. El templo en Jerusalén fue la base para el consejo profético de Lehi a sus hijos;3 y Jacob y Alma fueron responsables por los templos en las ciudades de Nefi y Zarahemla, alineando sus enseñanzas con sus responsabilidades del sumo sacerdocio.

Los templos de los Santos de los Últimos Días continúan siendo lugares que enseñan el plan eterno de Dios a sus hijos. Todo en el templo - desde su arquitectura, a las instructivas dramatizaciones de las ordenanzas de convenios desarrollados allí- enseña y hace efectivo el Plan de Salvación. El rol de Jacob como sacerdote le dio ideas especiales y responsabilidades para administrar esas doctrinas.  

Al mismo tiempo, nosotros reconocemos que los diferentes autores del Libro de Mormón enseñaron el plan de diferentes maneras. Incluso cuando comparamos las enseñanzas del hijo con el consejo que le dio su padre, encontramos que cada uno tiene un enfoque diferente. Las diferencias probablemente radican desde las circunstancias en las cuales sus respectivas bendiciones o discursos fueron dados.

Por ejemplo, la bendición que Lehi dio a su hijo cuyo hermano mayor había proveído un modelo completamente opuesto de cómo vivir. No es de maravillarse que Lehi se enfocó en el albedrío, oposición y las consecuencias del pecado. Jacob, mientras tanto, fue un sacerdote del templo, probablemente hablando a su pueblo el Día de la Expiación.4 Su énfasis en la expiación del Mesías, por lo tanto, es solamente natural.

En suma, nosotros tenemos una vista más completa del plan cuando estudiamos a Lehi y Jacob juntos. Añadir Alma, Amulek, Ammón, Aarón y otros aun provee una imagen completa del eterno plan del Señor de misericordia, justicia, redención, salvación, amor y felicidad. Esto continúa mientras observamos la revelación moderna y otras escrituras restauradas las cuales clarifican partes importantes de este plan como la vida premortal y los grados de gloria (Véase Doctrina y Convenios 76, Moisés 4, Abraham 3).

Tener acceso a la plenitud del Plan de Salvación es una de las más profundas y distintivas bendiciones que aparta a los Santos de los Últimos Días del mundo. Y es el Libro de Mormón que, primero y ante todo, repetidamente establece la doctrina fundamental del plan del Padre. Dar a conocer este Plan de Salvación es una de las cosas que el Libro de Mormón hace mejor.

Otras lecturas

Book of Mormon Central en español, “¿Cuál es el origen del entendimiento que tenía Lehi sobre la caída? (2 Nefi 2:25)KnoWhy 28 (4 de febrero, 2017).

Book of Mormon Central en español, “¿Se refirió Jacob a las fiestas de otoño de Israel? (2 Nefi 6:4),KnoWhy 32 (9 de Febrero, 2017).

M. Catherine Thomas, “Plan,” in Book of Mormon Reference Companion, ed. Dennis L. Largey (Salt Lake City, UT: Deseret Book, 2003), 642–643.

Gerald N. Lund, “Plan of Salvation, Plan of Redemption,” in Encyclopedia of Mormonism, ed. Daniel H. Ludlow, 4 vols. (New York, NY: Macmillian Publishing, 1992), 3:1088–1091. 

Robert J. Matthews, “The Atonement of Jesus Christ: 2 Nephi 9,” in Second Nephi, The Doctrinal Structure, ed. Monte S. Nyman and Charles D. Tate Jr. (Provo, UT: Religious Studies Center, Brigham Young University, 1989), 177–199.