¿Cómo se hicieron débiles los nefitas en tan corto tiempo?

Agosto 3, 2017
Collage de James Fullmer, por Book of Mormon Central
KnoWhy #175
Collage de James Fullmer, por Book of Mormon Central
"[E]l Señor cesó de preservarlos por su milagroso e incomparable poder, porque habían caído en un estado de incredulidad y terrible iniquidad"
Helamán 4:25

El conocimiento

Las guerras y contenciones en la tierra de Zarahemla no terminaron con los nefitas venciendo a los ejércitos de Amalikíah y Ammorón al fin del libro de Alma. En un triste y recurrente ciclo visto a lo largo de la historia del Libro de Mormón, el orgullo, divisiones, desafección, pecado, iniquidad, corrupción y rebelión plagaron a los nefitas treinta años antes del nacimiento de Cristo. Helamán 4 reporta que, en una década, los nefitas habían perdido la mitad de la tierra de Zarahemla, así como también sus creencias en el espíritu de profecía y revelación.

Mormón relató esta triste historia que conocía no solamente por la historia sino también de su propia experiencia personal cuatrocientos años después. Los años cuarenta y cincuenta del reinado de los jueces (43 y 42 a. C.) se habían celebrado como años de "prosperidad sumamente grande", el crecimiento de la iglesia, asombrosas bendiciones, apertura a "todos los que [querían] creer en el nombre de Jesucristo" (Helamán 3:23-32). Pero en tan solo dos años, el pueblo fue consumido en "[gran] orgullo" (v. 36). En poco tiempo, Helamán, hijo de Helamán, moriría repentinamente, dejando a su hijo Nefi bastante joven en el asiento judicial. Durante este tiempo, "hubo muchas disensiones en la iglesia, y también hubo una contienda entre el pueblo" (Helamán 4:1), y el gobierno se tambaleó. 

Después, una parte de la rebelión nefita se unió a las filas lamanitas y lograron agitar a estos últimos a un frenesí de guerra (Helamán 4:3-4). La batalla comenzó, resultando en que los lamanitas invadieron la tierra de Zarahemla y exiliaron el gobierno y población nefita a la tierra de Abundancia (vv. 5-9)

Los nefitas contraatacaron, recuperando la mitad de sus tierras (Helamán 4:10), pero al estar relatando esta trágica historia, Mormón lamentó: "Ahora bien, ni estas grandes pérdidas para los nefitas ni la terrible mortandad que hubo entre ellos habrían acontecido, de no haber sido por su maldad y su abominación que había entre ellos; sí, y se hallaba también entre aquellos que profesaban pertenecer a la iglesia de Dios" (Helamán 4:11). Las iniquidades en ese tiempo incluyeron el orgullo, la opresión al pobre, burlarse de lo que era sagrado, negar el espíritu de profecía y revelación, asesinato, robo, mentiras, deshonestidad, hurto, cometer adulterio, la contención y la deserción (v. 12).

En un momento sorprendente de autoconciencia, los nefitas reflexionaron y reconocieron sus pecados, problemas e iniquidades. Los nefitas se asustaron en gran manera cuando "empezaron a recordar las profecías de Alma, y también las palabras de Mosíah; y vieron que habían sido una gente dura de cerviz, y que habían despreciado los mandamientos de Dios" (Helamán 4:21). 

Adicionalmente, los nefitas reconocieron que "se habían vuelto débiles como sus hermanos los lamanitas, y que el Espíritu del Señor no los preservaba más; sí, se había apartado de ellos, porque el Espíritu del Señor no habita en templos impuros" (Helamán 4:24).1 Los nefitas por último aceptaron la necesidad de arrepentirse: "[Y] vieron que los lamanitas eran sumamente más numerosos que ellos, y que a menos que se allegaran al Señor su Dios, tendrían que perecer inevitablemente" (v. 25).

El porqué

Los nefitas, aunque eran un remanente del pueblo escogido del Señor, no estaban inherentemente a salvo de los pecados e iniquidades del mundo. Al salir de un periodo de prosperidad y paz que incluía un incremento en su membresía y prestigio, muchos de los nefitas durante el tiempo registrado en Helamán 3 empezaron a caer en los peligrosos lazos del orgullo. Como lo registró Mormón, en el año cincuenta y uno del gobierno de los jueces, aparentemente había paz, pero el orgullo empezó a entrar "en el corazón de aquellos que profesaban pertenecer a ella" y en el siguiente año ese orgullo "había entrado en el corazón del pueblo; y fue por motivo de sus grandes riquezas y su prosperidad en la tierra; y aumentaba en ellos día tras día" (Helamán 3:33, 36).

De esta manera, los nefitas rápidamente llegaron a ser sus propios enemigos al permitir que su progreso espiritual, victorias militares y la riqueza material crecieran en un orgullo sin control y pronto en una contención total. Daniel C. Peterson percibió: "La riqueza... lleva consigo el mayor riesgo al bienestar espiritual de quienes lo poseen. Se puede, de hecho, llegar a poseerlos a ellos. Algunas veces, de manera extraña, aquellos que tienen más que suficiente de bienes mundanos pueden estar más obsesionados con ellos que aquellos que deben luchar para hacer que el dinero alcance. Así fue con los nefitas en este tiempo".2

Tal vez esta triste condición se esparció tan rápidamente porque este éxito material surgió dramáticamente en una década desregulada del auge de la posguerra. Puede ser que las personas se sentían inseguras debido a las constantes preocupaciones sobre el terrorismo de Gadiantón. Tal vez los partidos políticos descontentos vieron oportunidades para expandir sus posiciones en los momentos en que el gobierno principal estaba en manos de un joven sin experiencia. Cualquiera que hayan sido las causas económicas o políticas, sus fallas espirituales para actuar con rectitud y para guardar los mandamientos de Dios expuso a la iglesia y al pueblo ante los desastres inminentes. Solamente cuando se arrepintieron, Moroníah "se aventuró a conducirlos de un lugar a otro, y de ciudad en ciudad, hasta que lograron recuperar la mitad de todas sus propiedades" que habían perdido (Helamán 4:15-16). 

El relato de Mormón sobre este tiempo de la historia nefita ofrece muchas lecciones en que pensar para los lectores modernos. El hecho de que estos pecados y problemas empezaran con los miembros nefitas de la iglesia probablemente hizo que estas atracciones y tentaciones fueran aún más difíciles de resistir. Esto debería de alertar a todos los seguidores modernos de Cristo a ser más cuidadosos en no caer en una actitud de que "todo va bien en Sion" (2 Nefi 28:21). Aún los discípulos más devotos están en peligro si asumen que son inmunes al peligro del orgullo, egoísmo y contención.

Como el presidente Thomas S. Monson advirtió: "No podemos permitirnos el lujo de ser indiferentes. Vivimos tiempos peligrosos; las señales están a todo nuestro alrededor".3 Estos mismos peligros pueden ser vistos fácilmente en tiempos que atormentaban la historia nefita y por lo tanto sirven como un recordatoria a los lectores modernos a "[cuidarse] del orgullo, no sea que [lleguen] a ser como los nefitas de la antigüedad" (DyC 38:39).

Otras lecturas

Daniel C. Peterson, “Their Own Worst Enemies,” in The Book of Mormon, Part 2: Alma 30 to Moroni, Studies in Scripture, Volume 8, ed. Kent P. Jackson (Salt Lake City, UT: Deseret Book, 1988), 92–106.