¿Cómo puede el Libro de Mormón brindar paz y significado a los que están en el servicio militar?

Febrero 5, 2019
Alma and Amlici–Alma Chapter 2 (Alma y Amilici– Alma capítulo 2) por Scott Snow
KnoWhy #496
Alma and Amlici–Alma Chapter 2 (Alma y Amilici– Alma capítulo 2) por Scott Snow
"[E]l Señor ha dicho: Defenderéis a vuestras familias aun hasta la efusión de sangre. Así que, por esta causa los nefitas luchaban contra los lamanitas, para defenderse a sí mismos, y a sus familias, y sus tierras, su país, sus derechos y su religión"
Alma 43:47

El conocimiento

El servir al propio país en el servicio militar puede y siempre debe ser visto como un servicio noble, un servicio superior al propio. Muchos profetas antiguos dirigieron a soldados con rectitud en batallas que eran necesarias: Moisés, Josúe, el rey Benjamín, Alma hijo y por supuesto Mormón, el compilador del Libro de Mormón.1 Además, muchos apóstoles y otras autoridades generales de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días han servido de manera honorable en el servicio militar. Estudiar las vidas y ejemplos de estos profetas y líderes guerreros puede proporcionar paz y significado a todos aquellos que actualmente están envueltos en el servicio militar y a sus seres amados.

El Libro de Mormón enseña que la defensa de la familia, así como la libertad política y religiosa, es aceptable ante el Señor. "[E]l Señor ha dicho: Defenderéis a vuestras familias aun hasta la efusión de sangre. Así que, por esta causa los nefitas luchaban contra los lamanitas, para defenderse a sí mismos, y a sus familias, y sus tierras, su país, sus derechos y su religión" (Alma 43:47).

Aunque luchar por estos ideales es noble y aceptable ante el Señor, la guerra puede tener un costo alto, tanto física como emocionalmente. Mormón de manera personal conocía el costo de la guerra, habiendo peleado y perdiendo a su pueblo. Él también conocía que su libro sería leído por nosotros en un tiempo futuro (Mormón 5:9), un tiempo lleno de "guerras y rumores de guerra" (1 Nefi 14:15-16), y él quería que su libro fuera de ayuda para nosotros.

Mormon Bids Farewell to a Once Great Nation (Mormón se despide de lo que una vez fue una gran nación) por Arnold Friberg. Imagen a través de lds.org

Mormón también sabía cómo encontrar paz incluso en medio de la guerra. Es durante un periodo rodeado de guerra que Mormón declaró que los nefitas eran felices. "Pero he aquí, jamás hubo época más dichosa entre el pueblo de Nefi, desde el tiempo de Nefi, que en los días de Moroni" (Alma 50:23). El Dr. Kent P. Jackson señaló la fuente de esa felicidad: "A pesar de las amenazas constantes de guerra en la época del capitán Moroni, el pueblo era feliz, porque eran uno y estaban viviendo el evangelio".2 Incluso en el caos de la guerra, los santos en el servicio militar aún pueden ver el evangelio y encontrar paz en la unidad, solidaridad y fidelidad.

En la conferencia general de 1942, justo cuatro meses después del ataque infame por los militares japoneses a la base naval de Pearl Harbor, en los Estados Unidos, el presidente J. Reuben Clark, jr. leyó un mensaje de la primera presidencia. "La iglesia está y debe de estar en contra de la guerra. La misma iglesia no puede hacer la guerra, a menos y hasta que el Señor emita nuevos mandamientos. No se puede considerar la guerra como un medio adecuado para resolver las disputas internacionales... pero los miembros de la iglesia son ciudadanos o sujetos de soberanía sobre los cuales la iglesia no tiene control".3

A pesar de su profundo aborrecimiento y rechazo a la guerra, los miembros de la iglesia creen "en estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes y magistrados; en obedecer, honrar y sostener la ley" (Artículo de fe 1:12). Animados por las enseñanzas y ejemplos en el Libro de Mormón, estas convicciones firmes de deber y amor por los demás que están por encima de sí mismos, es lo que inspira a muchos santos de los últimos días a servir en el ejército.

El porqué

El élder Lance B. Wickman pronunció un discurso de apertura en Saints at War. Imagen: Kristin Murphy, Noticias Deseret

Debido a que los autores del Libro de Mormón personalmente confrontaron los rigores de la acción militar, sus palabras pueden dar significado a la dedicación, sacrificio, incluso en algunos de los eventos horribles que ocurren durante la guerra. ¿Cómo hace esto el Libro de Mormón? Un ejemplo poderoso sobre esto se puede ver con el élder Lance B. Wickman en la conferencia general de abril de 2008. Él recientemente había regresado de una asignación de la iglesia en Vietnam. El lo llamó "un paso hacia el pasado"4 debido a que décadas atrás había combatido en Vietnam como teniente de un pelotón de fusileros del ejército de los Estados Unidos. Mientras él caminaba de nuevo por el campo y la jungla, en su mente podía escuchar las ametralladoras y las pequeñas armas de fuego de un día específico, el 3 de abril de 1966. En ese día su batallón estaba en lo más profundo del territorio enemigo. Una patrulla fue enviada y comenzó el tiroteo. Varios de sus hombres fueron heridos, incluyendo su querido amigo el sargento Arthur Morris.

El élder Wickman pidió por radio a un helicóptero de evacuación médica para poner a salvo a los hombres heridos. Él instó al sargento Morris a subirse. Sin embargo, el sargento Morris, desesperado por quedarse con sus hombres, respondió: "Por favor, señor... [n]o pueden matar a un viejo testarudo como yo”.5 El élder Wickman despachó al helicóptero sin el sargento Morris en él. El élder Wickman recuerda: "Antes de la puesta del sol, mi querido amigo, el sargento Arthur Cyrus Morris, yacía muerto por el fuego enemigo. En mi mente oigo una y otra vez el eco de su exclamación: 'No pueden matar, no pueden matar…'".6

Para encontrar consuelo y perspectiva, el élder Wickman se dirigió a las palabras de Amulek. "Porque he aquí, esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios; sí, el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejecutar su obra... no demoréis el día de vuestro arrepentimiento hasta el fin" (Alma 34:32–34). El Libro de Mormón ofrece uno de los testimonios más poderosos de la realidad de la vida después de lo que llamamos muerte. Debido a que la vida continúa, hoy es el día en que debemos actuar, arrepentirnos y prepararnos para avanzar con éxito a la siguiente etapa de nuestra progresión hacia la inmortalidad y la vida eterna.

El élder Wickman pudo extraer un poderoso significado de una pérdida trágica en ese día. "Si bien el sargento Morris estaba muy equivocado, ¡también tenía mucha razón! En realidad somos inmortales, en el sentido de que la expiación de Cristo conquista la muerte, tanto física como espiritual; y siempre que hayamos vivido el hoy de modo que podamos reclamar la gracia purificadora de la Expiación, viviremos con Dios para siempre".7 

"Esta vida no es para obtener y acumular sino más bien para dar y llegar a ser. La vida mortal es el campo de batalla donde se enfrentan la justicia y la misericordia; pero no tienen que hacerlo como adversarias, pues se concilian en la expiación de Jesucristo para todos los que utilizan el 'hoy' sabiamente".8

Varios cadetes de la guardia marina asistiendo al templo de Washington D.C. Lea su historia en lds.org

La guerra es un tiempo de incertidumbre aterradora. Sin embargo, con la esperanza que nos da el evangelio, todos podemos saber que la muerte no es el fin. Jesucristo ha roto las ligaduras de la muerte. Todos seremos resucitados y podremos seguir adelante en el gran plan de misericordia, gozo y paz de nuestro Padre.

Puede ser increíblemente desalentador enfrentar los horrores de la guerra. Sin embargo, los santos de los últimos días pueden utilizar las Escrituras para encontrar paz y significado en tiempos de guerra. Los santos pueden ser animados al reconocer que los muchos autores tanto de la Biblia como del Libro de Mormón personalmente conocieron el dolor de la guerra. Anathea Portier-Young, erudita de la Biblia, resumió el servicio de Mel Baars, un capellán del ejército de los Estados Unidos, diciendo: "Para los soldados que han experimentado e incluso han cometido atrocidades en la guerra, hay un gran valor en aprender que las Escrituras conocen su horror y vergüenza del efecto deshumanizante de la guerra. El encontrar estos horrores que se encuentran dentro de las sagradas Escrituras podría sugerir a los veteranos de combate que no son echados fuera de la órbita del poder de Dios que redime".9

Finalmente: "Nuestras tradiciones sagradas conocen los horrores que ellos conocen. Estos horrores vienen a nosotros de una manera con la cual debemos comprometernos y discutir, pero su misma presencia en las Escrituras sugiere que no es malo que nos atrevamos a hablar ante Dios, no hay crimen que no nos atrevamos a confesar, porque no hay horror que Dios no haya visto y conozca".10 Los santos en el servicio militar también pueden tener consuelo de las palabras de los líderes de la iglesia como el élder Wickman. No solo los autores de las antiguas Escrituras conocen el dolor de un soldado, sino que también lo saben los profetas, apóstoles y otras autoridades generales modernos.

Años después de su servicio en la segunda guerra mundial, el élder Packer se dirigió a los miembros de la iglesia en el servicio militar en 1968; su dolor por la guerra es evidente, pero también lo son sus convicciones:

He utilizado el uniforme de mi tierra natal en un tiempo de conflicto total. He olido el hedor de las personas muertas y he llorado lágrimas por los camaradas fallecidos. He escalado entre los escombros de las ciudades devastadas y contemplado los horrores de las cenizas de las civilizaciones sacrificadas a Moloc (Amós 5:26); sin embargo, sabiendo esto, con los problemas como son, cuando me llamaron nuevamente al servicio militar, ¡no pude objetar concientemente! A ustedes que han respondido a esa llamada, les decimos: sirvan honorablemente y bien. Mantengan su fe, su carácter, su virtud.11

Otras lecturas

Robert C. Freeman, Dennis A. Wright eds., Saints at War: Experiences of Latter-Day Saints in World War II (American Fork, UT: Covenant Communications, 2001).

Kent P. Jackson, “War and Peace—­­Lessons From the Upper Room” en To Save the Lost: An Easter Celebration, ed. Richard Neitzel Holzapfel y Kent P. Jackson (Provo, UT: Religious Studies Center Brigham Young University, 2009) 35–59.

Lance B. Wickman, “El hoy”, Liahona, mayo de 2008, 103, en línea en lds.org.