¿Cómo promueve el Libro de Mormón el trabajo duro y la autosuficiencia?

Mayo 22, 2018
Foto por Uğur Gürcüoğlu
KnoWhy #365
Foto por Uğur Gürcüoğlu
"Y aconteció que yo, Nefi, hice que mi pueblo fuese industrioso y que trabajase con sus manos".
2 Nefi 5:17

El conocimiento

Después de llegar al valle de Lago Salado, Brigham Young enseñó: "Mientras tengamos una tierra fértil en este valle y semillas para sembrarla, no tenemos que pedirle a Dios que nos alimente ni que camine detrás de nosotros dándonos pan para que comamos. Él no lo hará, y tampoco lo haría yo en Su lugar. Aquí podemos alimentarnos a nosotros mismos; y si alguna vez nos encontráramos en circunstancias contrarias, habrá llegado entonces el momento en que el Señor obrará un milagro para mantenernos".1

Esta declaración caracteriza la actitud de autosuficiencia e industria que tenían los primeros santos de los últimos días. ¿Qué llevó a estos pioneros a adoptar tales valores inspirados? Seguramente el Libro de Mormón tuvo un papel importante. De todos los nombres posibles que podrían haber dado a su nuevo territorio,2 los santos escogieron deseret —una referencia a la "abeja obrera" que se encuentra en Éter 2:3.3 En 1881, el Deseret News explicó: "La colmena y las abejas obreras forman nuestro escudo de armas comunal. El símbolo es adoptado ampliamente en las instituciones locales. Es una representación importante de la industria, armonía, orden y frugalidad del pueblo, y de los agradables resultados de su cooperación en el trabajo, unión e inteligencia".4

Varios pasajes del Libro de Mormón enfatizan este principio. Después de llegar a la tierra prometida, Nefi informó: "[Y]o, Nefi, hice que mi pueblo fuese industrioso y que trabajase con sus manos" (2 Nefi 5:17). Años más tarde, el rey Benjamín, a pesar de ser el nefita más prominente y potencialmente rico en sus días, tomó muy en serio el consejo de Nefi. Durante su famoso discurso, el rey Benjamín declaró: "[Y] aun yo mismo he trabajado con mis propias manos a fin de poder serviros, y que no fueseis abrumados con tributos" (Mosíah 2:14).

No solamente los reyes justos trabajaron junto a los demás, sino que también lo hicieron los líderes religiosos. El rey Mosíah enseñó que "todo hombre estimará a su prójimo como a sí mismo, trabajando con sus propias manos para su sostén. Sí, y todos sus sacerdotes y maestros debían trabajar con sus propias manos para su sostén en todos los casos, salvo en los de enfermedad o de gran necesidad" (Mosíah 27:4-5). Mormón informó que, después de cumplir con estos principios, "el Señor los visitó y los hizo prosperar, y llegaron a ser un pueblo numeroso y rico" (v. 7).

En contraste, los lamanitas algunas veces se caracterizaron por ser "un pueblo ocioso, lleno de maldad y astucia" (2 Nefi 5:24). En Mosíah 9:12, Zeniff reporta que los lamanitas que sometieron a su pueblo bajo el cautiverio eran "una gente perezosa e idólatra" y que buscaban "hartarse con el trabajo de [sus] manos; sí, para saciarse con los rebaños de [sus] campos".

Es importante destacar que Mormón hizo especial mención cuando estas tendencias sociales cambiaron. Por ejemplo, Noé —un rey nefita— construyó tronos extravagantes para que sus sacerdotes pudieran "sostener sus cuerpos y sus brazos mientras hablaban falsas y vanas palabras a su pueblo" (Mosíah 11:11). Estos nefitas eran "mantenidos en su pereza" por medio de grandes impuestos (v. 6). Y cuando un grupo de lamanitas "se arrepintieron y llegaron al conocimiento de la verdad" (Alma 23:15), se nos informa que ellos "empezaron a ser una gente muy industriosa" (v. 18).

Estas excepciones demuestran que en lugar de etiquetar injustamente a las sociedades como perezosas o industriosas basándose solamente en sus afiliaciones culturales o tribales, Mormón estaba buscando contrastar patrones de comportamiento.5 Ya sea que se hable de los nefitas o los lamanitas, el trabajo honesto y la industria siempre trajo el favor y las bendiciones de Dios, mientras que la pereza y la inequidad provocaron la decadencia social.

El porqué

Debido a la ciencia moderna, los avances tecnológicos y el incremento en las industrias especializadas, "trabaja[r] con [nuestras] propias manos" es muy diferente ahora como lo fue para la mayoría de las sociedades antiguas (Mosíah 27:4). En lugar de plantar y cosechar cultivos bajo la luz del sol, muchos de nosotros nos involucramos en menos trabajos manuales, en ambientes con aire acondicionado y luz artificial. Sin embargo, aunque estemos ejercitando nuestras mentes o nuestros músculos, cosecharemos las benditas recompensas del trabajo diligente y el servicio sincero.

Con respecto a lo que se considera un trabajo honesto, el élder Gordon B. Hinckley explicó: "No importa si escoges ser un comerciante, maestro, carpintero, plomero, mecánico, doctor, o seguir cualquier otra vocación. Lo importante es que califiquen para ser trabajadores útiles en la sociedad".6 El élder D. Todd Christofferson de manera similar enseñó que una "vida consagrada está llena de trabajo, a veces repetitivo, de poca importancia o no apreciado, pero siempre produce mejoras, establece orden, sostiene, eleva, asiste, impulsa".7

Al igual que el rey Benjamín y el rey Noé, muchas de las élites sociales de hoy tienen los fondos para no trabajar más en sus vidas. El contraste entre estos reyes, sin embargo, no podría ser más claro.8 El servicio consistente del rey Benjamín proveyó un ejemplo perdurable de bondad y justicia para su pueblo (Helamán 5:9). Por otro lado, el infame egoísmo del rey Noé causó que su pueblo finalmente se volviera en contra de él y lo mataran (Mosíah 19:2-10). Ya sea que seamos actualmente ricos o pobres o de alguna manera estemos en medio, encontraremos que el trabajo significativo es una llave esencial para la felicidad duradera y el verdadero éxito.

En ocasiones, en el crepúsculo de nuestras vidas, las personas pueden sentir el deseo de pasar la antorcha del trabajo a la siguiente generación. Mientras que tal decisión puede ser práctica y necesaria con respecto a temas de trabajo temporal, el presidente Dieter F. Uchtdorf ha enseñado que cuando se trata del servicio en el reino del Señor, no existe un "programa sabático o de jubilación".9 Hasta el fin de nuestras vidas, cada uno de nosotros está bajo la obligación de compartir y promover el mensaje del evangelio—o sea, trabajar para el Señor. Por ejemplo, durante su discurso, el rey Benjamín dijo: "[E]stoy a punto de descender a mi sepultura" y "ahora mismo mi cuerpo entero tiembla en extremo, mientras me esfuerzo en hablaros" (Mosíah 2:28, 30).

A aquellas parejas mayores que han sido invitadas por los líderes del sacerdocio a servir como misioneros de tiempo completo, el élder Jeffrey R. Holland aconsejó: "Hermanos, cuando eso suceda, digan a su esposa que si ustedes pueden dejar el sillón y el control remoto por unos meses, ellas pueden dejar a los nietos. Esos pequeños estarán bien, y les prometo que ustedes harán cosas por ellos al servicio del Señor que, por los siglos de los siglos, nunca podrán hacer si se quedan en casa mimándolos".10

El Libro de Mormón ayuda a demostrar que ninguna clase o edad de personas están exentas de la ley básica del trabajo del Señor que fue dada a Adán y Eva: "[C]on el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra" (Génesis 3:19). También demuestra el fuerte contraste entre los trabajadores y los ociosos. Aquellas sociedades e individuos que trabajan diligentemente y sirven los unos a otros son bendecidos y prosperados por el Señor.

Juntos, ellos crean la tierra prometida, una tierra de leche y miel, tal como los primeros santos de los últimos días buscaron crear en su hermoso territorio de Deseret.11 Aquellos que dependen perezosamente de otros sin proveer de ningún trabajo, ellos mismos sufrirán consistentemente las trágicas consecuencias, tanto temporales como espirituales.12

Otras lecturas

Val Brinkerhoff, "The Symbolism of the Beehive in Latter-day Saint Tradition", BYU Studies Quarterly 52, no. 2 (2013): 140–150.

D. Todd Christofferson, "Reflexiones sobre una vida consagrada", Liahona, Noviembre 2010, 16–19, en línea en lds.org.

Dieter F. Uchtdorf, "Dos principios para cualquier economía", Liahona, Noviembre 2009, 55–58, en línea en lds.org.