¿Cómo nos traen paz y felicidad los mandamientos?

Abril 18, 2018
Imagen de niñas riendo, vía lds.org
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“Y nos afanamos por cumplir con los juicios, y los estatutos y mandamientos del Señor en todas las cosas, según la ley de Moisés”
2 Nefi 5:10

Principio

En el Libro de Mormón, los mandamientos a menudo son asociados con palabras similares como estatutos, juicios y ordenanzas. Nefi, por ejemplo, registró que su pueblo se afanó "por cumplir con los juicios, y los estatutos y mandamientos del Señor en todas las cosas, según la ley de Moisés" (2 Nefi 5:10).1 En Alma 30:3 aprendemos que "el pueblo se esforzaba en guardar los mandamientos del Señor; y obedecía estrictamente las ordenanzas de Dios".

Parece que la frecuente agrupación de estas palabras similares en el Libro de Mormón es al menos en parte del resultado del lenguaje hebreo subyacente.2 La variedad de términos diferentes para los mandamientos de Dios indica que Su ley tiene una función importante en la sociedad nefita, tal como lo tenía entre los israelitas en el Antiguo Testamento.3 En las sociedades antiguas, los mandamientos se veían como parte de un convenio con el Señor, y aquellos que los cumplían eran privilegiados al recibir los dones divinos o las bendiciones (véase Mosíah 2:24).4 Por otro lado, aquellos que rechazaban los mandamientos de Dios a menudo eran maldecidos.5

Una de las enseñanzas del convenio más fundamentales y perdurables en el Libro de Mormón es la promesa que el Señor le dio a Lehi: "¿[N]o os acordáis de las palabras que habló a Lehi, diciendo: Si guardáis mis mandamientos, prosperaréis en la tierra? Y además se ha dicho: Si no guardáis mis mandamientos, seréis separados de la presencia del Señor" (Alma 9:13).6

¿Cuáles fueron estos mandamientos? Los justos entre los nefitas cumplieron con la ley de Moisés,7 y reconocen los Diez Mandamientos como una suma vinculante de las leyes eternas de Dios para su pueblo.8 También valoraron las enseñanzas y los mandamientos adicionales revelados a los profetas entre su propio pueblo.9 Finalmente recibieron la ley más elevada de Jesucristo mismo, quien enseñó: "Y esto es la ley y los profetas, porque ellos en verdad testificaron de mí" (3 Nefi 15:10).

Diez Mandamientos

De principio a fin,10 los profetas del Libro de Mormón imploraban a su pueblo a que se acordaran "de guardar los mandamientos de Dios" (Helamán 5:6). "Recordar" significa más que solamente recordarlo de memoria. Más bien, significaba mantener activamente los mandamientos y sus convenios asociados presentes en el corazón, la mente y las acciones de uno.11 Muchos israelitas de la antigüedad consideraban el guardar los mandamientos como un placer, un privilegio y un deleite (Véase Salmo 1:1-2).12 Aquellos que guardan los mandamientos con esta actitud se esforzarán por atesorarlos, protegerlos y preservarlos diligentemente.13

Aplicación

En octubre de 2015, el presidente Thomas S. Monson declaró en la conferencia general: "El mensaje que tengo para ustedes esta noche es directo. Es este: guarden los mandamientos".14 Como lo demostraron los profetas del Libro de Mormón, este mensaje directo ha sido repetidamente mencionado por los mensajeros autorizados de Dios a lo largo de la historia del mundo. El élder L. Tom Perry señaló: "Ciertamente no podría haber ninguna otra doctrina que se exprese con más fuerza en las Escrituras que los mandamientos inalterables del Señor".15

Mientras que los pueblos del Libro de Mormón frecuentemente usaron varias palabras para los mandamientos de Dios, la idea de las leyes divinas llega a estar notablemente ausente en el discurso moderno. Debido a esta tendencia negativa, el élder Quentin L. Cook ha enseñado: "En nuestro mundo cada vez más inicuo, es esencial que los valores basados en la creencia religiosa formen parte de las disertaciones públicas. A las posturas morales basadas en la conciencia religiosa se les debe dar igual acceso en el debate público".16 Depende de cada uno de nosotros promover civil y apropiadamente los mandamientos de Dios.

Imagen a través de lds.org

En lugar de basarse en sentimientos de superioridad o de autojustificación, estas discusiones deberían ser motivadas por el amor y la preocupación genuina. Los mandamientos y sus convenios asociados actúan como una barrera en contra del pecado y la infelicidad y cuando los guardamos nos llevan a la vida eterna.17 El élder Dallin H. Oaks ha enseñado: "El amor de Dios es tan perfecto que Él requiere de nosotros tiernamente que obedezcamos Sus mandamientos, porque sabe que únicamente mediante la obediencia a Sus leyes podemos llegar a ser perfectos como Él".18 Cuando defendemos abiertamente los mandamientos de Dios, invitamos a otros a recibir Su protección divina y ser parte de Su amor eterno.

Algunos pueden sentir erróneamente que Dios espera que Sus hijos obedezcan ciega o servilmente Sus mandamientos. El significado de obediencia, sin embargo, está fuertemente atado a obeisance (rendir homenaje),19 que es un "acto o gesto para expresar sumisión o respeto deferente".20 Cuando obedecemos apropiadamente las leyes de Dios, le demostramos voluntariamente el respeto y la deferencia sumisa que merece a cambio de las muchas misericordias y bondades que nos ha dado.

Al igual que en los tiempos del Libro de Mormón, Dios quiere que guardemos los Diez Mandamientos.21 También quiere que guardemos las leyes superiores reveladas por medio del ministerio de Jesucristo, así como también los mandamientos específicos dados por los profetas y los apóstoles. Aunque estos mandamientos algunas veces pueden variar en detalles específicos o aplicaciones, los principios subyacentes son eternos e inalterables. Cuando recordamos y nos esforzamos por guardar todos los mandamientos de Dios, tanto antiguos como modernos, recibiremos mayor paz, protección divina y felicidad eterna (véase Mosíah 2:41).

Otras lecturas

Presidente Thomas S. Monson, “Guarden los mandamientos", Liahona, Noviembre 2015, 83-85, en línea en lds.org.

Élder L. Tom Perry, “La obediencia a la ley es libertad”, Liahona, Mayo 2013, 86-88, en línea en lds.org.

Élder Quentin L. Cook, “¡Haya luz!", Liahona, Noviembre 2010, 27-31, en línea en lds.org.

Élder Dallin H. Oaks, “El amor y la ley", Liahona, Noviembre 2009, 26-29, en línea en lds.org.